La Nación
COLUMNISTAS OPINIÓN

Complejo de Adán

Benhur Sánchez Suárez

Increíble que hoy en día se haya puesto de moda denigrar de los otros para imponer proyectos y criterios propios.

Y, sobre todo, por parte de los funcionarios y dignatarios recién posesionados en sus cargos, como si buscaran desacreditar las ejecutorias de sus antecesores para hacer crecer sus posibilidades de mandatarios eficientes y cumplidores de su deber. Si el anterior es malo, lo que yo haga tiene relieve sin lugar a dudas, parece ser el pensamiento de quienes así actúan y comienzan a pagar la deuda de quienes invirtieron en él para el negocio del poder.

Lo triste es que esa actitud nos demuestre que no estamos ante proyectos de Estado sino que estamos ante ejecutorias de gobierno, es decir, como si gobernar se hiciera por caprichos personales y no por necesidades sociales que hay que solucionar para que la sociedad avance.

Los proyectos de Estado se ejecutan sin importar quién está al frente de la administración. Son de beneficio común, hacen parte del desarrollo regional e impactan la vida de las comunidades que hagan parte de la jurisdicción de quien proyecta y ejecuta. Lo que no alcanza a culminar un gobierno, lo continúa el otro.
En cambio, las ejecuciones de gobierno son sólo del administrador de turno y si no las ejecuta durante su administración se convertirán en elefantes blancos, como tantas obras inconclusas, muchas absurdas, que se encuentran a lo largo y ancho del país.

Esa actitud negativa no sólo demuestra falta de grandeza sino arrogancia de poder. Cada uno de los elegidos y posesionados debe tener la suficiente humildad para evaluar ejecutorias anteriores y edificar sobre ellas para evitar así desperdicio de recursos. De esta manera, cada nuevo proyecto llevado a feliz término potenciará la imagen de quien las proyectó y afianzará a su ejecutor como eficiente administrador.
Se administra para la sociedad en general no para un grupo reducido de seguidores. Quien haya sido electo ya no representa solo a sus electores sino que asume la responsabilidad de gobernar para toda la comunidad. Pocos entienden esta premisa, que es elemental en la puesta en ejecución de un nuevo gobierno.

La sociedad se empobrece cuando el ejercicio del poder sólo se cumple para reducidos grupos y se descuida la entidad que se representa, sea esta del orden municipal, departamental o nacional. Es como si cada nuevo mandatario creyera que todo empieza con él, que lo anterior es un espejismo y en esas mieles del poder se creen adanes, los primeros en el horizonte del ámbito en el cual deban moverse.
Adanes en pelota, tan confundidos y asombrados como el primero que descubrió el mundo y que tuvo que trabajar para seguir comiendo el fruto que marcó su destino sobre la tierra.

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