La Nación
“Con dos testigos falsos, me condenaron” 1 24 octubre, 2020
Entrevista ACTUALIDAD

“Con dos testigos falsos, me condenaron”

Gustavo Sastoque, el exfuncionario del CTI de origen huilense que fue condenado a 41 años de prisión por el homicidio del exguerrillero, Hernando Pizarro, habla con LA NACIÓN. Tras el anuncio de las Farc de reconocer ese crimen, Sastoque pide que la Justicia acepte el error que cometió con él.

 

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

 

Los antiguos miembros del secretariado de las Farc sorprendieron al país al reconocer públicamente crímenes de las últimas tres décadas que sacudieron al país. Uno de esos homicidios fue el del exguerrillero, Hernando Pizarro Leongómez, hermano del jefe del M-19, Carlos Pizarro, también asesinado. Hernando Pizarro fue asesinado en Bogotá en febrero del año de 1995, cuando un grupo de hombres intentó, al parecer, secuestrarlo. Por ese crimen, fue condenado a 41 años de cárcel Gustavo Sastoque, un hombre de raíces huilenses que para esa época trabajaba en el área de Criminalística de la Fiscalía en Bogotá.

25 años después y tras el anuncio de ‘Timochenko’ y compañía, Sastoque pide que la Justicia acepte el error que cometió con él.

 

¿Cómo termina involucrado en el crimen del exguerrillero, Hernando Pizarro Leongómez?

Esta pesadilla inició el ocho de marzo de 1995. Yo era un funcionario netamente administrativo de la Fiscalía General de la Nación. Era el encargado del archivo y correspondencia del área de Criminalística del CTI. Para esa época de los hechos existía la famosa ‘justicia sin rostro’, es decir, fiscales, jueces y testigos cuyas identidades permanecían ocultas. Con esa justicia, no había garantías procesales. Ese ocho de marzo, me encontraba en mi oficina. A las dos de la tarde aproximadamente recibí una llamada de la secretaria diciéndome que tenía que presentarme en la Fiscalía regional a las tres de la tarde. En efecto, me desplacé, me atendieron en recepción y mostré la citación. Bajó un señor y me lo recibió y dijo que iba a averiguar para qué me habían citado. Fueron como dos horas tomándome del pelo. Luego, apareció un señor y una señora entregándome una orden de captura en mi contra. Ahí empezó el montaje que fraguó la Fiscalía. El documento decía mi nombre, mi número de cédula y la posible ubicación: Puerto Rico, Caquetá. Me pareció raro y les dije a los investigadores. Cómo colocaban esa ubicación, cuando sabían que yo trabajaba con la Fiscalía en Bogotá. Sin embargo, todo el tiempo estuve tranquilo y pensé que al otro día todo eso se iba a solucionar. Pasé la noche en los calabozos del DAS. Fue a buscarme el abogado de mi familia y me preguntó si sabía por qué me tenían privado de la libertad. Le dije: ni idea. Él me contestó: por la muerte de Pizarro. Mi respuesta fue que yo nunca he montado en un avión porque pensé que era por la muerte de Carlos Pizarro, que era muy conocido. El abogado me dijo que era por el asesinato del hermano. Sacó un periódico y ahí aparecía que habían capturado a un funcionario de la Fiscalía como el presunto asesino de Hernando Pizarro Leongómez. Así inició la pesadilla.

 

Tras semejante acusación, ¿Qué vino semanas y meses después?

Empezamos a aportar pruebas para demostrar mi inocencia. Hernando Pizarro fue asesinado el 26 de febrero y el abogado me dijo que recordara lo que había hecho ese día. Eso fue un domingo, estuve con mi familia, descansando, y ese día, entre cinco y seis de la tarde estuve haciendo unas compras en el barrio Restrepo, en el sur de Bogotá. Se aportó como pruebas el voucher que me entregaron porque el pago lo hice con tarjeta de crédito. Los funcionarios del almacén que me atendieron declararon. De manera ilógica, esta prueba no fue valorada. Luego, vinieron los señalamientos por parte de los testigos. Para esa época, los señalamientos eran detrás de un vidrio oscuro. Yo nunca vi testigos, ni fiscales, ni jueces. Todo era con capuchas y no hubo oportunidad de contrainterrogar esos testigos. Fueron dos testigos bajo reserva que se prestaron para el montaje y los utilizaron para sindicarme y condenarme.

 

Señor Sastoque, ¿Qué decían esos testigos?

Ellos más adelante tuvieron que identificarse. Hubo una señora, de nombre Olga Esther Guevara Fajardo, de la que luego nos enteramos que era funcionaria del Estado, que dijo que yo esa noche me encontraba con otros tres funcionarios del CTI de la Fiscalía, que yo llevaba al señor Pizarro de un brazo, que el señor se resistió, que saqué un arma y le disparé cinco tiros en la cabeza. Mis funciones eran netamente administrativas y la única dotación mía era una máquina de escribir y el carné con el cual me identificaba como funcionario de la Fiscalía. La señora decía que el poste más cercano quedaba frente a la casa del lugar de los hechos, pero un plano topográfico mostraba que el poste más cercano estaba a ocho metros. Esa testigo dijo que me había visto, que vio el color del iris de mis ojos, mi estatura y el material del vestido que yo portaba ese día. El otro testigo era un señor que supuestamente vendía perros calientes en el sector en donde ocurrió el homicidio. Ese señor también dijo haberme visto en un carro, que vio el color del iris de mis ojos, mi estatura y el material del vestido que portaba. Este testigo, diez años después, se retractó en un proceso por fraude procesal y falso testimonio, pero nunca le dieron credibilidad. Lo tuvieron en cuenta para condenarme, pero para resolver mi situación, la Justicia colombiana no lo escuchó. Con dos testigos falsos, me condenaron.

 

¿No hubo ninguna otra prueba adicional en su contra?

Ninguna. Ni una huella, ni un arma, nada. Eran más las pruebas que demostraban mi inocencia, que las que estaban en contra. A mi favor, había pruebas documentales, testimoniales y hasta científicas por parte de Medicina Legal. Había más de 30 testimonios de familiares, particulares y miembros del mismo CTI de la Fiscalía. La testigo mentirosa Olga Esther Guevara decía que yo había estado en el levantamiento de Hernando Pizarro y que al día siguiente, volví a buscar evidencias en el mismo sitio. Las 15 personas que conformaban el grupo de levantamientos declararon que nunca yo había estado por allá. Tampoco fueron tenidos en cuenta esos testimonios. Ahí se ve la mala fe de la Justicia. Ellos estaban encubriendo algo y desviando la verdadera investigación.

 

Señor Sastoque, ¿Usted conoció al exguerrillero, Hernando Pizarro?

Jamás lo conocí. El único Pizarro que escuchaba por los medios de comunicación fue a Carlos Pizarro, que todo el país lo conocía. Inclusive, no sabía que Carlos Pizarro tenía hermano. Yo no soy de izquierda, ni de derecha, ni de centro. La política nunca me interesó. Era un funcionario del Estado.

 

25 años después, ¿Qué significa para Usted que los antiguos miembros del secretariado de las Farc hayan salido públicamente a admitir el asesinato de Hernando Pizarro Leongómez?

Me alegra y me entristece porque esperar 25 años para demostrar la inocencia es mucho tiempo. La Justicia colombiana acabó con mis sueños, mis proyectos y todos los planes cuando era funcionario. Yo tenía 26 años de edad cuando inició esta pesadilla. Espero que con esta nueva prueba que está apareciendo, la Justicia la valore y la tenga en cuenta. Yo siempre dije la verdad. Siempre he sido inocente y espero que esta vez, la Justicia acepte el error que cometió en mi contra. A mí no me interesa saber quién mató a Hernando Pizarro, me interesa es que se limpie mi nombre y que la Justicia obre en derecho.

 

¿Cuál es la etapa actual de su proceso judicial?

Hay que esperar que va a aportar la JEP sobre los testimonios de los señores de las Farc. Tengo que decir que aparte de este proceso, cursa una investigación en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Al no ver garantías procesales en este país y ante el atropello flagrante, recurrí a un organismo internacional. También estoy a la espera de ese fallo.

 

Señor Sastoque, ¿Cuántos años alcanzó a estar detenido?

Estuve detenido 10 años y nueve meses. Fueron casi 11 años de mi vida perdidos, aguantando humillaciones, tristezas e infinidad de situaciones que ni siquiera le deseo a quienes me hicieron este montaje. Estar privado de la libertad casi 11 años por algo que no hice, es algo que uno cree que solo pasa en las películas. Vivirlo es muy duro y triste.

 

¿En qué cárceles estuvo?

Estuve en las cárceles Modelo y La Picota de Bogotá. La mayor parte fue en La Picota.

 

¿Quiénes cree que estuvieron detrás de este montaje judicial?

Hubo un proceso por fraude procesal y falso testimonio. Ahí hay dos declaraciones que narran cómo fue el montaje. Uno de esos testigos afirma que dentro de la Fiscalía buscaron varias hojas de vida de funcionarios y yo como que tuve el perfil para vincularme. E insisto: a mí no me interesa saber ya quién hizo ese montaje, quién asesinó al señor Pizarro. Sólo le digo a la Justicia que limpie mi nombre. Frente a los que estuvieron detrás de esta farsa, considero que no han podido dormir tranquilos al tener una conciencia podrida sabiendo que tuvieron en la cárcel 11 años a un inocente. Yo estuve tranquilo porque todo ese tiempo estuve con mi conciencia tranquila. Es más delincuente el que me hizo este daño, que los propios asesinos de Hernando Pizarro.

 

¿A qué se dedica actualmente?

Después de tantos años de estar privado de la libertad, uno sale estigmatizado ante la sociedad porque cuando empezó esto, a mí me dieron mucha publicidad. Todo el mundo vio al asesino, pero nadie sabía la realidad de las cosas. En este país nadie está exento de un carcelazo. Aquí cualquier persona va a la Fiscalía y dice que él es un asesino y ya, le van dañando la vida. Tuve un negocio de comidas rápidas, no me fue muy bien y lo terminé. En la actualidad, estoy trabajando como mensajero de una cooperativa. Con eso, sobrevivo junto a mi hija.

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