La Nación
Cruzada de apoyo a María Jimena Duzán 1 18 agosto, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Cruzada de apoyo a María Jimena Duzán

José Joaquín Cuervo Polanía

 

Casi presagiando su inminente salida de la revista Semana, María Jimena Duzán, se muestra altiva y valiente, retadora y demasiado osada para quienes la queremos viva, lúcida y en paz. Incómoda para la derecha latifundista de este país, irritante y molesta para el poder dominante, siempre en búsqueda de la verdad, con el interés constante por formar conciencia crítica que denuncia la barbarie, la superficialidad y la brutalidad de un régimen desalmado y obtuso.  Duzán se ha convertido en legitima representante de los colombianos que no tragamos entero, de los que nos negamos a la normalización, al sentido común atizado por los oligopolios económicos que se asocian con el poder comunicacional.  Sus columnas de los últimos días con la mayor contundencia han venido llenando parcialmente el vacío que dejó la ausencia de la pluma de Daniel Coronel o de Ariel Ávila o la falta de compromiso de alguien que entendió hace rato que ser mártir de la opinión es más que inane en Colombia: Antonio Caballero.

María Jimena encontró el quid de la cuestión, tratando de explicar la paradoja de una sociedad, de un país que no es una nación, Colombia: Una amalgama de intereses egoístas, de practicantes de la ley individualista del sálvese quien pueda. La periodista que dio en el blanco perfecto, la denuncia de la mezcla entre política y dinero mal habido; entre mafia y sociedad. Mafialandia, una tierra que desde la época marimbera y del contrabando fue perfilando a sus mayores protagonistas para ser los líderes, los políticos y los gobernantes de Hoy. En este país es muy común que los delincuentes de ayer, los condenados por el narcotráfico, por paramilitarismo se reencarnen en cuerpo ajeno en su descendencia o en sus amigos para blanquear sus nombres y para lavar sus capitales que terminan invirtiéndose en campañas políticas imposibles de enfrentar y de derrotar en franca lid.

María Jimena describe a estos nuevos líderes con un fastuoso poder que aprendió a delinquir con el código penal en la mano, que logró que el aparato de justicia claudicara; que a lo mejor no matan de frente, que no trafican directamente, que no ostentan con la plata como Pablo Escobar, pero que si hacen todo por dinero; que lo que más disfrutan es el poder y la influencia.

Los que rompen cualquier consideración de la justicia distributiva, que violentan la igualdad con los otros ciudadanos buenos que aún tienen la ilusión de volverse visibles y relevantes socialmente por sus buenas acciones, sus buenas ideas y su buena voluntad, por su denodado trabajo.  Denuncia la generación fantasma la que tiene un pie en legalidad y otro en la ilegalidad, los principales evasores de impuestos; los mayores causantes de ahondar la discriminación inhumana y ampliar las brechas sociales. Los que han destruido cualquier pacto social en búsqueda de la equidad.

Lo paradójico es que mañana ingenuamente o bajo el velo de la ignorancia sintonice su canal de televisión, escuche sus emisoras; compre en sus supermercados; les pida en profunda humillación que me concedan un puesto de trabajo para mantener mi dignidad y la de mi familia.  Por esta semana mi rutina comenzará por no volver a supermercados y droguerías Olímpica ni escuchar su deprimente emisora.