La Nación
¿Cuál generosidad? 1 21 octubre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

¿Cuál generosidad?

 Francisco José García Lara

En el 2019 fue aprobada la reforma tributaria denominada “ley de crecimiento económico”, que de antemano se sabía era insuficiente para solucionar el problema fiscal.

Vino la pandemia y el gobierno, en cabeza del ministro de hacienda del momento, presentó un proyecto de reforma tributaria que incendió el país, la cual, según los conocedores de la materia, incluía algunos aspectos que debieron mantenerse. Finalmente, el gobierno retiró el proyecto de ley y el ministro renunció.

Sin embargo, era imprescindible recaudar más dinero, no solo por los efectos del covid 19, sino también porque en la anterior reforma, la del 2019, se redujo el impuesto sobre la renta a las empresas.

Se acudió a otro eufemismo y presentaron la denominada “ley de inversión social”, mediante la cual, entre otras cosas, se retorna a las tasas de tributación en renta de las empresas, que se habían reducido en el 2019 como se dijo antes, pero sin tocar en lo más mínimo a las personas naturales de mayores ingresos, es decir los dueños de las empresas.

En Colombia se han tramitado 48 leyes tributarias en lo que va corrido de este siglo, todas basadas en la premisa de reducir impuestos a quienes tienen dinero para que estos a su vez contraten más personas y de esa manera redistribuir la riqueza.

Los hechos son tozudos, la mencionada premisa no ha servido en Colombia, tampoco en otras partes del mundo, demostrando una vez más que lo verdaderamente eficiente es cobrar más impuestos y que sea el estado quien redistribuya a través de programas de verdadero bienestar social, no a punta de subsidios como también nos hemos empeñado en nuestro país.

Nadie desconoce la urgencia de una reforma tributaria estructural, pero eso no es un tema que de verdad se toque en una campaña electoral como la que se aproxima, es impopular y los politiqueros seguirán buscando votos endulzando oídos, no mostrando realidades.

El día que en Colombia se tramite una verdadera reforma tributaria veremos si es real la tal generosidad de los empresarios, para lo cual no debería ser necesario contratar costosos asesores y lobistas para mantener sus privilegios y las excepciones que tanto los benefician.

Soñar no cuesta nada, esa aparente magnificencia empresarial seguramente desaparecerá ante una verdadera reforma tributaria, por ahora, que no nos vengan con el cuento de que la nueva ley se consiguió gracias a la inmensa generosidad de los empresarios, que son cada día más ricos a costa de la mayoría de los colombianos que son cada día más pobres.