La Nación
El caso del asesinato de los miembros de la unidad de tierras 1 20 septiembre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

El caso del asesinato de los miembros de la unidad de tierras

José Joaquín Cuervo Polania

 

Leer el ensayo de William Ospina en el espectador de ayer, denominado “De los vientos a las tempestades o cómo se gestó la Colombia contemporánea” (I parte) constata el esfuerzo de algunos colombianos por tratar de explicar el summum de la problemática y la realidad colombiana, su reflexión sobre las dinámicas y tensiones que han rodeado la construcción social, política y económica del país, mostrando los vacíos y las falencias históricas del proceso. Un ensayo que nos recuerda sobre la necesidad de adentrarnos en el mundo inexplorado e ignorado conscientemente por quienes han atacado no la raíz, no las causas de la barbarie colombiana de inequidad e injusticia, sino las consecuencias vistas desde el país de la disciplina policiva y el orden. Los que no atisban desde el negacionismo, que el asesinato sistemático de los líderes sociales, las reformas agrarias integrales frustradas; el fracaso del acuerdo de paz (finalmente hecho trizas) el nulo desarrollo de las iniciativas de ordenamiento territorial (una tarea frustrada y aun pendiente) la pauperización de la clase media, la negación a la regularización de la propiedad de la tierra; las masacres campesinas; el juego macabro en el que cayeron las reincidencias de las Farc frente a la propuesta política y sistemática de los guerreristas de este país tiene  un sentido mucho más grave y profundo que el que pretenden ver los que atienden a las consecuencias superficiales y no a las causas graves y profundas de tales fenómenos. En Colombia nos acostumbramos a aniquilar las fiebres, a taponar las diarreas, a detener la tos a cualquier precio, sin reconocer que estos; o son sólo signos de la pudrición interna de la Nación, o son mecanismos de defensa de un cuerpo enfermo y condenado a la debacle en una nación ya casi desahuciada y de régimen fallido.

Un signo de lo descrito es el retorno a la barbarie, las muertes de los ex combatientes a doble mano: de la égida vengadora de sus excompañeros ahora reincidentes y de las mismas fuerzas oscuras y de derecha que un día decidieron exterminar a la UP. Pero ahora la revictimización tiene múltiples causas; los victimarios siguen teniendo muchos tópicos; el oropel abnegó cualquier ideología totalitaria; tanto para los grupos de derecha en los que muchas veces interviene descaradamente el Estado, como para los que dicen defender ideales de ultraizquierda, la cuestión se torna en un complot contra el pobre, contra el campesino, contra el ciudadano de a pie.  Vendrán muchas más muertes para reclamantes; para lideres sociales, para denunciantes de las barbaries, la razón: el dominio del negocio del narcotráfico, las rutas y las zonas de dominio; el despojo continuado de las tierras; la negativa a entregar un solo centímetro de lo que han conseguido a sangre, fuego y desplazamiento. (La promesa del banco de tierras, los millones de hectáreas prometidas en el punto primero del acuerdo fue solo una falsa expectativa) los captores y asesinos de los miembros de la comisión de la unidad de tierras así lo confirman.

Este maldito individualismo de los colombianos, esta condición enferma de nuestro ethos social que por la defensa de sus privilegios es capaz de mantener el caos, es el culpable de mantenernos en este círculo vicioso de la banalidad del mal.