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Dos años y falta lo más duro

Dos años y falta lo más duro 1 30 septiembre, 2020

El senador Rodrigo Lara Restrepo coloca en una balanza la gestión del presidente Iván Duque y los apoyos que ha ofrecido el mandatario al departamento. Admite que en estos dos años que vienen seguirá exigiendo un cambio de rumbo y de modelo con la ilusión de ver buenos resultados para el Huila.

 

Rodrigo Lara Restrepo

Senador

 

Escribir sobre la gestión del presidente Iván Duque con ocasión de estos dos años de gobierno, es un asunto que me divide. Por un lado, reconozco en Iván Duque un hombre decente, cálido y bien intencionado, pero por otro lado no observo resultados tangibles de su gestión en el departamento y no tengo razones reales para afianzar una ilusión de que esto pueda cambiar en los próximos dos años.

La marca patente del gobierno nacional en el Huila es el fracaso de la ruta 45: una vía colapsada y un departamento en jaque, partido en dos. Tras la quiebra del concesionario de esta obra, el gobierno Duque heredó un problema sin duda complejo, pero resulta incomprensible que a la fecha de hoy el Ministerio de Transporte no haya encontrado una salida jurídica al asunto. Los gobiernos enfrentan, por supuesto, muchas dificultades, pero su tarea consiste justamente en resolverlas porque en últimas serán juzgados por sus resultados.

En materia de vivienda, acueducto y alcantarillado, el presidente acertó nombrando ministro en esa cartera a Jonathan Malagón, un funcionario competente. A pesar de sus ingentes esfuerzos en estos dos primeros años, los arbitrajes presupuestales del Ministro de Hacienda no lo han favorecido. Las inversiones de esta cartera en el Huila entre 2014 y 2018, años en los que nosotros asumimos esa responsabilidad, sumaron cerca de 360 mil millones de pesos, materializándose en 4294 subsidios de vivienda y 75 proyectos de agua y alcantarillado. En los últimos dos años se han visto muy pocos proyectos nuevos, y las obras que se observan son en su mayoría la ejecución de obras adjudicadas en el gobierno anterior.

Debo resaltar que el presidente Duque anunció hace unos días un impresionante objetivo de 200,000 subsidios de vivienda, como parte principal del paquete de reactivación económica post-covid. Una meta ambiciosa de 11 billones de pesos y una expresión de confianza en el ministro Malagón. Se trata tal vez del anuncio más concreto de este paquete hasta la fecha. Trabajaré intensamente para que una parte importante de estos recursos llegue al Huila.

Me entristece mucho pensar en los desempleados del departamento. Me duelen las familias que quedaron sin ingresos, al lado del camino, cargando una pesada cruz de tristeza y ansiedad por su futuro. La cifra de desempleo que hemos alcanzado es aterradora, nunca antes habíamos tenido un guarismo del 40% de nuestra población activa sin empleo. Este cataclismo social tiene como obvia causa directa la pandemia, pero la situación se exacerbó por la demora del Ministerio de Hacienda para poner en marcha el subsidio al desempleo. Esta crisis arrancó en marzo y sólo hasta mediados de junio se vieron los primeros desembolsos del subsidio a ciertas empresas. Sin bien aún falta por recabar mucha información sobre el alcance y la ejecución presupuestal de este programa, desde ya es claro que la demora en su puesta en marcha afectó principalmente a la pequeña y mediana empresa, que se quedó sin caja para sobrevivir el choque de los meses de marzo, abril y mayo, y evitar así las quiebras y el desempleo masivo.

Un éxito indiscutible del gobierno fue la veloz puesta en marcha del Ingreso Solidario, un giro directo a una población de tres millones de personas que no estaba cubierta por los demás programas sociales. Se trata de un monto de 160 mil pesos, que constituye un alivio pero que de ninguna manera remplaza un trabajo digno.

Uno de los rasgos principales de este gobierno ha sido su estrecho margen fiscal. Sin duda, arrastra los efectos de la crisis del petróleo de 2014, pero a esto se suma el desfinanciamiento estructural del gobierno central, que se acentuó en la pasada reforma tributaria, que a pesar de acertar al bajar la tasa del impuesto de renta, no hizo nada para eliminar las gabelas y privilegios tributarios de los más grandes capitales del país.

Ahora que nos enfrentamos a la crisis económica más profunda desde la guerra de los 1000 días, el reto para Iván Duque es aún mayor. Como Senador seguiré exigiendo un cambio de rumbo, por uno que consista en más solidaridad y menos darwinismo social. Con altura nos corresponde acompañar al gobierno en los grandes asuntos de interés nacional, con tal vez la ilusión de ver en estos dos años que quedan resultados que, hasta ahora, han sido más bien esquivos con nuestro departamento.

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