La Nación
EDITORIAL

El caso del padre Martínez

El caso del padre Martínez 1 5 agosto, 2020

La Iglesia católica y las autoridades judiciales tienen el reto de investigar a profundidad y no dejar pasar por el alto el caso del sacerdote huilense Joaquín Martínez Triana, señalado por una mujer de haberla abusado sexualmente cuando era menor de edad.

La denuncia es grave por donde se le mire. Según la mujer, el padre Triana, de 74 años de edad y quien actualmente funge como cura párroco de los municipios de Hobo y Algeciras, la abusó sistemáticamente durante varios años mientras él estuvo vinculado a tres parroquias de la capital del Huila.

La presunta víctima ha narrado descarnadamente los vejámenes a los que habría sido sometida por el religioso, en una historia que tiene un ingrediente más: existiría un documento firmado por el padre Martínez Triana en donde él acepta el abuso y a cambio, le desembolsa $200 millones como reparación.

20 años después, el caso del supuesto abuso ha llegado a oídos del obispo de la Diócesis de Neiva, monseñor Froilán Casas, quien de inmediato ordenó una investigación interna y puso en conocimiento de lo denunciado ante la Fiscalía General de la Nación, a través de su vicario judicial, el sacerdote Ruber Fierro Cleves.

Es necesario que en este caso, como en todo hecho relacionado con violencia sexual, la Fiscalía emprenda las investigaciones de rigor y establezca responsabilidades cuanto antes. Esas averiguaciones deben conducir además a determinar si hay más víctimas.

Por su parte, la Iglesia Católica, cuestionada históricamente por escándalos de pederastia, está llamada, entre otras medidas, a apartar del ministerio sacerdotal al religioso que está bajo sospecha.

Aún retumban las palabras del cardenal Rubén Salazar en el Vaticano: “No hay ninguna justificación posible para no denunciar, para no desenmascarar, para no enfrentar con valor y contundencia cualquier abuso que se presente en el seno de nuestra Iglesia. Tenemos que reconocer esta crisis a profundidad, reconocer que el daño no lo hacen los de fuera, sino que los primeros enemigos están dentro de nosotros, entre obispos, sacerdotes y consagrados, que no han estado a la altura de nuestra vocación”.

“Es necesario que en este caso, como en todo hecho relacionado con violencia sexual, la Fiscalía emprenda las investigaciones de rigor y establezca responsabilidades cuanto antes”