La Nación
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El demonio de la carne

El demonio de la carne 1 10 agosto, 2020

 

Andrea del Pilar Bautista Perdomo

 

Un nuevo caso de denuncia por abuso sexual a menor se registró en el medio local esta semana, en esta oportunidad contra un reconocido sacerdote. Noticias dolorosas para todos y en mi caso personal, porque lo conozco de vista, trato y referencia, como un hombre respetuoso, diligente y honorable, pero impensable lo que pasó por su mente para realizar estos hechos repudiables. Cuando planteo este hecho como cierto, es porque personalmente nunca mentiría, ni expondría mi nombre, vida, cuerpo y dolor al escarnio público. De otra parte, no podemos justificar esta falta gravísima, escudándonos al desacuerdo del celibato en los sacerdotes, excusando sus acciones inhumanas en la ausencia de encuentros sexuales, cuando la mayoría de abusadores y maltratadores son compañeros sentimentales, es decir, se viola no por falta de acción, sino porque se es un violador. La iglesia debe tomar medidas de manera inmediata sobre estos hechos y no permitir que estos vejámenes lo practiquen representantes de Jesús en la tierra. En cuanto a lo descrito por la víctima, debo decir que, como mujer siento profundo dolor por las violencias vividas, pues reconocer y asumir un abuso debe ser muy doloroso, con recuerdos constantes y con un proceso arduo de reparación, empezando por denunciar. A estas mujeres se les debe brindar todo el apoyo y rodearlas para hacerlas sentir que no están solas y mucho menos que no están desiertas para que las juzguen y critiquen, porque siempre que pasan estos sucesos, muchas veces nosotras mismas conceptuamos malintencionadamente o buscamos la manera de hacerlas sentir culpables, aprobando la conducta reprochable del actor. A todas las mujeres que han sido víctimas hoy les digo que somos más las que estamos de su lado, necesitamos que paren las cifras de abusos, maltratos, violaciones, feminicidios y que la ley actúe prontamente, porque no podemos seguir permitiendo demonios de la carne atacando sueltos, reconociendo también una ausencia de enfoque de género en los tribunales y una sistemática revictimización, donde más del 94% de las denuncias por violencia de género quedan en la impunidad. Admiro la valentía con que esta mujer rompió su silencio. A los lectores recordarles que no podemos perder la sensibilidad sobre estos hechos tan graves y repetitivos que ya son del común de todos los días. Lo mínimo es apoyar y creerle a quien denuncia. Finalmente, debemos tener claridad que todo hecho malo trae su consecuencia y se debe asumir.