La Nación
El gran reto 1 26 noviembre, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

El gran reto

María Consuelo Plazas Serrato

 

Haciendo una juiciosa revisión de la historia de nuestro país resultaría difícil ignorar que desde hace algunas décadas Colombia se ha visto gravemente afectada a consecuencia del  narcotráfico. Es así como la lucha contra las drogas por sus devastadores efectos ha incidido notablemente en la generación de dificultades de diversos órdenes dadas las múltiples consecuencias proyectadas en los diferentes escenarios en particular en lo que tiene que ver con el cultivo, producción, tráfico y distribución de estupefacientes.

Si bien hoy por hoy tal dolencia social no registra los impactos generados en otras épocas, sí constituye una preocupante realidad que no logra contenerse. Lo anterior con ocasión del  reciente informe dado a conocer por la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos (ONDCP), según el cual se percibe un inusitado incremento de cultivos ilícitos en algunas regiones del país. El citado informe revela que durante el 2017 se registró un aumento del 11% alcanzando una cifra cercana a las 209.000 hectáreas en tanto que la producción de coca alcanzó un 19%. Por su parte la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA) identifica como responsable de tal crecimiento a diversas organizaciones criminales.

Ante tan preocupante realidad surgen diversos interrogantes respecto de la manera como el Estado debería enfrentar estos graves e inquietantes desafíos. De una parte es necesario reflexionar acerca de las repercusiones que ha tenido la implementación del Acuerdo  de Paz en nuestro país, pues según lo pactado la erradicación de los cultivos incide en gran medida de los avances en la estrategia adelantada con las comunidades  campesinas que tradicionalmente han tenido como fuente de ingreso el cultivo de coca lo cual ha generado cierta imposibilidad del gobierno para llevar a cabo planes de erradicación forzosa y de otra la erradicación voluntaria se dificulta toda vez que los campesinos argumentan la inconveniencia de detener tales cultivos al no existir un  garantía confiable respecto de una fuente segura de ingreso que garantice su subsistencia.

¿Cómo hacerle frente a semejante realidad? ¿Cuál el camino a seguir? Es claro que dicha situación deberá resolverse teniendo de presente todos los factores que inciden en la toma de decisiones mediante evaluaciones estratégicas que beneficien a los actores involucrados. Por ello es conveniente definir mecanismos concretos y eficaces tendientes a superar una problemática que no ha surgido de la noche a la mañana y que por tanto requiere de un tratamiento objetivo y viable que garantice soluciones prácticas por representar un desafío grave y permanente para la comunidad en general pues como bien lo afirmara el político estadounidense Bob Riley “las drogas son las enemigas del futuro y de la esperanza, y cuando luchamos contra ellas luchamos por el futuro”.

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