La Nación
El legado de ‘Los Tolimenses’ sigue vivo 1 2 julio, 2022
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El legado de ‘Los Tolimenses’ sigue vivo

Lizardo Díaz, el ‘Felipe’ inolvidable del dueto ‘Los Tolimenses’ escribió con su entrañable amigo una página gloriosa en la historia musical colombiana. Lizardo Díaz, el ‘Felipe’ inolvidable del dueto ‘Los Tolimenses’ escribió con su entrañable amigo una página gloriosa en la historia musical colombiana. Con el maestro Jorge Villamil Cordovez, construyeron una leyenda. Ricardo Areiza LA NACIÓN, Neiva Aunque Lizardo Díaz Muñoz, haya partido al otro mundo, el legado musical, enriquecido al lado de su amigo Jorge Ramírez (Emeterio) y del maestro Jorge Villamil Cordovez, sigue vigente. Lizardo Díaz, recibió en Neiva el ‘Tambor de oro’, el 2 de julio de 2008.Los tres nacieron con una estrella que les iluminó la vida y se encontraron en el camino, unidos por un lazo indisoluble que les marcó el destino. Los tres, coincidencialmente, compartieron causas comunes, inspirados en un mismo terruño que les alimentó el alma. La inspiración, propia de  los genios, los fue uniendo hasta convertirlos en los mejores embajadores de la cultura del Tolima Grande. Unidos por la música, la fiesta, la picardía, el aguardiente y el amor, le cantaron a las pequeñas cosas y fueron construyendo una leyenda. ‘Felipe’, el último en partir, salió desde Baraya (Huila), su tierra natal, buscando la musa profética que llevaba dentro. En Ibagué, conoció a Jorge Ezequiel Ramírez, quien se convertiría en principal cómplice. La música los volvió indisolubles. Los dos conformaron en 1950 el dueto ‘Los Tolimenses’ que les dio todas las glorias. Así nacieron En un reportaje con el periodista huilense Vicente Silva, el propio Lizardo Díaz Muñoz, recordó los orígenes del dueto que le dio muchas glorias al Tolima Grande. “Éramos contemporáneos. Él nació en Ibagué el 22 de noviembre de 1929 y yo en Baraya, Huila, el 29 de enero de 1928. A Jorge Ezequiel lo conocí hacia 1943 en el Conservatorio en donde ambos pertenecíamos a las Masas Corales del Tolima. Yo estudiaba en el San Simón y él lo hacía en el Colegio Tolimense. A los dos nos encantaba la música y teníamos  temperamentos afines por ser nativos de una región muy alegre como el antiguo Tolima Grande y eso nos sirvió para que empezáramos a nivel aficionado con un trío que actuaba en la emisora Ecos del Combeima y del cual también hizo parte Jorge Tovar Acosta. En 1946 terminé bachillerato y al año siguiente me radiqué en Bogotá para estudiar ingeniería química en la Universidad Nacional, pero en 1949 me fui para Medellín a estudiar Ingeniería en la Escuela Superior de Minas. Allí permanecí hasta 1953 cuando me retiré para hacer frente a los compromisos artísticos. Nunca me otorgaron el título de ingeniero sencillamente porque, como decía Emeterio, me faltó una materia para graduarme: la materia gris. Pero él tampoco fue profesional y aunque estudió contabilidad jamás ejerció su oficio porque se dedicó al negocio de vender llantas en Ibagué el cual alternaba con la música”. Invitados de honor El dueto que ya tenía fama nacional fueron invitados al elenco para inaugurar la televisión colombiana, el 13 de junio de 1954, primer aniversario del golpe de estado que llevó al poder al general Gustavo Rojas Pinilla. Según el mismo relato de Silva, ese hecho histórico les marcó el camino. “Todo sucedió en forma chistosa porque a la pensión de la calle doce con carrera sexta en donde vivíamos Jorge y yo, llegó como a las ocho de la mañana, muy apurado y casi tumbado la puerta, Álvaro Monroy Guzmán, director artístico de Nuevo Mundo para decirnos que habíamos sido escogidos para participar en la emisión inaugural de la televisora. Nosotros nos presentamos como cantantes de música colombiana pero le aclaramos que para esa ocasión pensábamos representar a dos campesinos vestidos con trajes típicos que sabían cantar y hacer humor. A partir de ese momento dejamos nuestro uniforme que era un smoking de chaquetas roja y verde, corbatines de idénticos colores, pantalones blancos y zapatos del mismo color, para vestirnos como auténticos montañeros. Luego nos pusimos con Monroy Guzmán a hacer el libreto pedido por el director, pero al momento de identificar a los personajes caímos en cuenta de la necesidad de un n nombre porque Jorge y Lizardo no calaban mucho con la denominación artística del dueto y fue en ese instante cuando Álvaro tuvo un chispazo y se le ocurrió ponernos Emeterio y Felipe y así quedamos bautizados para siempre”. Emeterio y Felipe se dispararon como artistas y se volvieron personajes exclusivos de la televisión. A partir de ese momento se convirtieron en el primer dueto cómico musical de Colombia. Sus apariciones en programas como La tienda de Los Tolimenses, Estampas colombianas, Embajadores de la música colombiana, entre otros, se fueron haciendo comunes en la pantalla chica. Por eso en 1955 emprendieron una gira internacional que los llevó a Panamá, Costa Rica, Guatemala y México. Socio estratégico Los Tolimenses habían descubierto el talento del médico Jorge Villamil en 1958 durante una serenata que le brindaron Los Sinsontes a Luz Marina Zuluaga, la hermosa manizalita que el 26 de julio de ese año había ganado en Palm Beach, Estados Unidos, el concurso de Miss Universo. Las canciones hicieron vibrar al eje cafetero. Desde entonces lo buscaban. Un año después lo lograron. En junio de 1959, en plenas fiestas del San Pedro conocieron al médico Jorge Villamil Cordovez. El Hotel Plaza de Neiva se convirtió en una especie de estudio en donde Villamil grabó El retorno de José Dolores, Adiós al Huila, La zanquirrucia y otros temas para que Emeterio y Felipe captaran las tonadas. Al finalizar salieron creyendo que esas composiciones iban a revolucionar el ambiente artístico.  Y así fue. ‘Espumas’ los llevó a obtener la Palma de Oro en el Sexto Festival de la Canción Latinoamericana, realizado en Hollywood y San Francisco. Posteriormente; obtuvieron la medalla de oro en el Primer Festival de la Canción de Rio de Janeiro. Grabaron más de 300 canciones contenidas en 40 discos entre larga duración y 78 revoluciones para diferentes casas disqueras. Al lado de Villamil, Emeterio y Felipe, encontraron en la música otra forma para cantarle a la provincia, para mostrar su enorme riqueza y para engrandecer el repertorio nacional. El legado que los tres le dejaron al país contiene hoy piezas ejemplares del patrimonio musical colombiano que siguen vivas, aunque los tres hayan partido al otro mundo. Una vida ejemplar Lizardo Díaz Muñoz, nacido el 29 de enero de 1928, falleció el jueves pasado al lado de su esposa, Raquel Ércole, a quien conoció en su exitosa carrera artística, y de sus tres hijos Guido, biólogo marino; la actriz Patricia y el diseñador industrial César Augusto. El amor por Raquel Ércole, nacida en Neiva, fue a primera vista. Raquel tenía 14 años cuando  comenzó a estudiar danza flamenca. Un año después ingresó al ballet de Kiril Pikieris para aprender danza clásica. Por eso se conocieron en una feria de Manizales cuando asistía a una presentación. ‘Felipe’ también lo hizo con su grupo de 40 voces y 40 Guitarras. Un año después contrajeron nupcias. Raquel fue campeona distrital, departamental y nacional de esgrima -deporte que practicó para darle gusto a su padre- y estuvo seleccionada para ir al suramericano selectivo para el mundial. Su familia, unida por el dolor de la partida, fue el otro tesoro que supo conservar con delicado celo. Sus múltiples dolientes, sus amigos y admiradores, le rendirán hoy el último homenaje en Bogotá. La velación se realiza en la capilla de La Castellana en el Chicó. Las exequias se realizarán hoy en funerales Cristo Rey.