La Nación
El maldito cuento de Caperucita Roja 1 11 julio, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

El maldito cuento de Caperucita Roja

 

José Joaquín Cuervo Polanía

 

Aparecieron las versiones populistas, ideologizadas y politiqueras:  “Que los soldados deben ser juzgados por la Justicia penal militar”,  que se trata de un falso positivo, que es otro falso positivo judicial, que se debería inaugurar la cadena perpetua para los siete soldados,  que la menor Embera había ido a visitar a uno de los soldados  que le habían caído bien,  que se trata de unos pobres soldados, campesinos, ignorantes que no representan el siempre bien ponderado y glorioso Ejército Nacional.

Ya vendrán testimonios, pruebas, procedimientos, reclamos de jurisdicción y competencia: todos ideologizados.  Ya vendrán estrategias defensivas, ya vendrán falacias de la ignorancia camufladas de presunciones de inocencia. Ya vendrán esfuerzos por hacer aparecer a una niña de doce años como provocadora e insinuante. Ya vendrán preguntas re – victimizantes para determinar cómo iba vestida: si con minifalda o con Jeans, si ya usaba pintalabios encendidos o no, si la victima ya había tenido relaciones sexuales o no. Si realmente en su caso se habría lesionado un bien jurídico tutelado.

Es toda una falacia manipulativa de la opinión pública hacer énfasis en las circunstancias de una violación de una menor: Si la niña se encontraba recogiendo unas guayabas para la abuelita, cuando fue secuestrada por los militares, o si iba a visitar a un a soldado que le había parecido agradable.

Habrá que recordarle en todo caso a Salud Hernández que su opinión es también sesgada e ideologizada.  Hernández nos quiere llevar nuevamente al campo de la polarización política (estrategia gubernamental);  distrae la atención respecto del verdadero problema y del argumento atinente y en lugar  de ello, justifica una suerte de reproches a la posición política de quienes no estuvimos de acuerdo con la Cadena Perpetua a violadores de menores, y vincula este tema de manera inadecuada, usando otro sofisma causal: como si los que estuvieran en  desacuerdo con la cadena perpetua en Colombia,  por ello mismo, alabáramos necesariamente a las siempre deplorables violaciones a los derechos humanos  de las Farc, especialmente respecto  de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

El argumento debería ser un reproche abierto a una sociedad colombiana goda y excluyente que viola a sus mujeres, especialmente a las menores, indígenas, pobres y marginadas. El reproche debe ser para el Ejército que mantiene una responsabilidad “in eligiendo” y que recluta soldados sin formación de conciencia y que sólo terminan reflejando la crisis moral interior de una sociedad enferma en su “ethos” íntimo. El reproche debe dirigirse a quienes tratan de defender en nombre de ideas de ultraderecha unas conductas que son indefensables, al clasicismo de la justicia colombiana. El reproche debe ser a la defensa camuflada de los militares en nombre de una solidaridad estamentaria y de género machista.  El argumento debe ser en favor de la urgente justicia y reparación a las víctimas de violencia sexual. El argumento no puede basarse en el inmaduro mecanismo de defensa: “Siempre ha sido así”, “Nadie condena a las Farc por los mismos actos en el pasado” (Cosa que no es cierta en cuanto a las denuncias).  No podemos olvidar a caperucita en nombre de recalcar el contexto y las circunstancias a todas luces injustificables.