La Nación
El mundo al revés 1 5 agosto, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

El mundo al revés

Monseñor Froilán Casas, obispo de Neiva

Con el señor Nietzsche, hacia finales del siglo XIX se hablaba de la “trasmutación de los valores”; eso que se decía en teoría, ahora sí que es la más cruda realidad. Lo que ayer era blanco, ahora es negro y viceversa: la dictadura del relativismo moral. Se acabaron los referentes religiosos, referentes de ideologías totalitarias, referentes de etnias y grupos sociales. Vivimos el imperio de las redes sociales, hemos llegado a un hombre voluble y volátil, en vocabulario de Vargas Llosa, “es la civilización del espectáculo”; es el hombre light-ligero, que nos habla el siquiatra español Enrique Rojas.

En otros términos, es el hombre sin horizonte fijo: hoy es fanático por una idea, mañana por otra. Es un hombre sin piso firme. Es la modernidad líquida que nos habla el sociólogo Sygmunt Bauman; una sociedad sin norte definido. Vivimos una “esquizofrenia social”, como diría el sacerdote católico brasileño Gabriel Vila Verde: “Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien. Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia. Que las mujeres se vistan como hombres y asuman papeles masculinos y que los hombres se conviertan en “frágiles” como mujeres. No hay plazas para los pacientes en los hospitales, pero hay incentivos y patrocinio para quien quiere hacer cambio de sexo. Hay un acompañamiento sicológico gratuito para quien desea dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de éste mismo para quien desea salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad y si intentan hacerlo, es un crimen.

Estar a favor de la familia y la religión es dictadura, pero orinar sobre los crucifijos, es libertad de expresión. Si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo…”. Defender la familia como núcleo fundamental de la sociedad es estar “out-fuera”, ¡cuidado nos mutilan! Los cristianos, siguiendo el plan del Creador, seguiremos gritando que la unión del varón y la mujer dentro de una hermosa convivencia, se procreen los hijos con responsabilidad, es la ley natural de la vida, puesta por Dios en el corazón de los hombres, -otra cosa es que los hombres dejados llevar por su soberbia rechacen el plan del Creador-. ¡Qué pena! -Cambiar la ley natural ha sido la eterna locura de la humanidad-. El hombre cuando rompe el plan de Dios, asume sus propias consecuencias. Ir contra Dios es confusión como lo describe la historieta bíblica de la torre de Babel. ¡Qué horror! Es absurdo pensar que el niño escoge el sexo; el sexo no es cuestión de elección, él viene intrínseco en la naturaleza biológica humana. En la unión de las células germinales XX ó XY aparecen las características biológicas del sexo. Todo niño tiene derecho a tener un hogar; es un derecho natural, negárselo, es ir contra el Creador. Cuando el hombre mata el plan de Dios, está excavando su propia tumba.

+ Froilán, obispo de Neiva