La Nación
El Tartufo o Gustavo Petro 1 17 septiembre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

El Tartufo o Gustavo Petro

Mario Andrés Huertas Ramos

 

La estrategia discursiva del senador Petro, anclada a la gran estrategia de campaña, se puede definir como una inconsistente amalgama de tácticas históricas en su afán por personificar un estadista republicano y disipar la desconfianza que él mismo genera.

Como estamos viendo ahora, en el discurso del otrora guerrillero del M-19 hay una combinación de maniobras discursivas donde se encuentran afirmaciones confusas, incoherentes, vacías y, sobre todo, contradictorias a la hora de convertirlas en su plan de gobierno.

Sin embargo, no nos llamemos a engaños. Él solo puede burlar a la masa de ciudadanos desubicados electoralmente como a sus desenfrenados seguidores cuya cultura política y democrática, como se ha evidenciado, son más que deficientes.

Se equivoca el hombre del M-19 y sus asesores si creen que por hablar del “Acuerdo sobre lo fundamental” o por decir que “hay que tumbar el régimen” los que conocemos a fondo, y desde hace varias décadas, el contenido y el verdadero autor de dicha filosofía política vamos a caer en la trampa.

Seamos más específicos. Que Petro sufra tardíamente el síndrome de Lima es posible. Y que sus fanáticos seguidores desconozcan el sentido histórico de esas banderas es normal. Pero quienes sentados en el canapé republicano asistimos al tinglado de la patética farsa debemos rechazar la manipulación que hace de dichas banderas quien hizo parte de la organización terrorista que secuestró a Álvaro Gómez Hurtado.

Sumado a lo anterior, que Petro apele a las tácticas laureanistas como el uso del adjetivo para descalificar a sus adversarios, apelar al escándalo para atraer sobre sí mismo la opinión pública, hacer de la moral su bandera personal y ubicar en los extremos a sus opositores, es legítimamente válido.

Pero que a ello, le sume las tácticas gaitanistas como atacar tanto a los miembros de su propio partido u espectro y a su vez golpear a los líderes de otras colectividades, tildándolos de oligarcas corruptos y mafiosos, para enfrentarlos al país nacional con el fin de “restaurar la moral de la república”; ya resulta sospechoso y grotescamente ridículo.

De esta manera, no sorprende que también juegue con las cartas del santismo. Es decir, como la traición es la regla y no la excepción, según Juan Manuel Santos, el candidato de la Colombia Humana finalmente terminará por traicionar a muchos de sus seguidores y como todo Iscariote, terminará traicionándose a sí mismo.

Resulta probable que dicha estrategia lo lleve a la presidencia pero dudo muchísimo que gobierne con las auténticas banderas laureanistas y alvaristas que intenta manosear.

Por ello, solo usará el gaitanismo, el santismo y, sobre todo, el verdadero petrismo que saldrá a relucir, si gana las elecciones, a través de su decálogo que se resume en palabras como: la calumnia, el comentario simple y ligero, la falacia, el autoritarismo, la propaganda, la arrogancia y, obviamente, la violencia.

Si Petro en campaña se define como capitalista, defensor de la vida (aun cuando militó en una organización terrorista que asesinó y secuestró incluso a extranjeros) y califica de mafiosos a sus opositores como si Pablo Escobar no hubiera financiado la toma del Palacio de Justicia, ¿qué futuro le espera a Colombia?