La Nación
Entre impuestos y fortunas 1 13 mayo, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Entre impuestos y fortunas

Juan David Huertas Ramos

 

Por estos días, el tema central de la agenda nacional es el proyecto de reforma tributaria, y no es para menos, dada su importancia económica.

Al margen del sin número de especulaciones, desinformación y angustias que genera la reforma es preciso aclarar que la razón de ser de los tributos es la distribución de la riqueza y la disminución de los niveles de desigualdad.

Adicionalmente, se considera que los impuestos representan la principal fuente de financiamiento de la administración pública. Por lo cual, resultaría oportuno revisar el concepto comúnmente aceptado de que las entidades públicas en Colombia no deben obtener resultados financieros positivos, pues esto ha decantado en la mala gestión financiera de muchas instituciones a pesar de su estratégica posición económica.

Al margen que ningún colombiano deseé pagar más impuestos, es importante tener en cuenta que el dinero no crece en los árboles (<No free lunch>) y que la atención de las demandas sociales requiere recursos financieros.

Luego, si el país estuvo de acuerdo con el proceso FARC-Santos, si se dejó endulzar con el eufemismo de la mermelada, si apoyó la gratuidad de la educación pública universitaria y además ha defendido las ayudas para paliar los efectos de la pandemia, entre otros, ¿Por qué estar en desacuerdo con la reforma tributaria?

Es cierto que el presidente Duque no gusta del “espejo retrovisor”, sin embargo, este resulta imprescindible para la conducción como para la gestión. En ese sentido, el presidente aún le debe al país un informe completo de lo que recibió del gobierno Santos y que sería muy importante para entender la reforma en su contexto.

Me preocupa que en el proyecto de reforma tributaria no se haya indicado nada al respecto del fenómeno de riqueza oculta que el país vive como efecto de actividades ilegales y otras propias de la economía informal. Los patrimonios fruto de la informalidad deberían ser identificados tributariamente a fin de corregir parte del déficit fiscal y, por otro lado, la extinción de dominio debería activarse contra las fortunas de los narcotraficantes y otros criminales. Estas dos fuentes de ingresos significarían un aliciente importantísimo para el bolsillo de los contribuyentes.

De hecho, muchos colombianos se preguntarán, no sin razón, qué ha sucedido con la reparación económica de las víctimas por parte de las FARC, pues sería infame ceder dicho pasivo al Estado colombiano para que los contribuyentes asumamos tal obligación.

Entonces, el gobierno no puede perder de vista cuán importante es la protección del bolsillo del colombiano de a pie, así como el del sector empresarial que valientemente ha tratado de continuar sus operaciones a pesar de las circunstancias.

Así las cosas, el gobierno Duque está en mora de hacer pedagogía acerca de la reforma tributaria, sus implicaciones y alcance. De lo contrario, sus opositores la aprovecharán en contra del verdadero progreso del país haciendo enarbolar resentimiento e indignación.

¡Presidente Duque, de usted depende que esta reforma no sea el espaldarazo final que espera recibir Petro de usted!