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Entre la barbarie y la civilización

Entre la barbarie y la civilización 1 20 septiembre, 2020

Fermín Beltrán Barragán

Vuelve la violencia a la querida Colombia… en realidad nunca se ha ido. Se han escuchado disparos, las calles han sido incendiadas y los cementerios se ha llenado de féretros y lágrimas; no es solo el covid 19, las mismas personas se siguen matando.  A lo largo de la historia, no hemos parado de herirnos y estas heridas se convierten en dolor y rabia y cuando se dan las circunstancias, saltamos a las calles o a los campos a saciarnos de sangre y a sembrar dolor, que es lo mismo que sembrar la rabia.

Parecemos un país con los puños cerrados, los niños ven estas escenas y no cierran los ojos, no pueden hacerlo, las guardan para el momento conveniente, cuando sean grandes o antes de serlo. La historia de los hombres es una historia de violencia, se supone que hemos evolucionado, mucho más desde la promulgación del derecho a la vida como derecho humano fundamental (¿cómo sería antes?, pero cuando se ve toda esta desbandada pareciera que vamos para atrás.

Solo tenemos dos opciones, tocar fondo a punta de armas y balazos, al mejor estilo de los romanos y los bárbaros, o resolver pacíficamente nuestros conflictos, así como cuando se acaban las guerras que todos se sientan a negociar porque ya no hay fuerzas para seguir matando. Estamos confundidos y tenemos miedo, miedo a que todo se desborde, a que nada se pueda controlar y a que terminemos en un callejón sin salida.

Para lograr la solución civilizada no hay más remedio que incrementar nuestra inteligencia emocional, disminuir el odio y controlar la rabia y buscar los canales para la construcción colectiva, comprometido cada uno con eliminar todas las expresiones de violencia.  No es fácil, el odio está por todos lados, escondido en el aire, en las palabras que soltamos o que queremos soltar y en todos los recodos del camino. Tenemos que recuperar la carta de los derechos humanos y propiciar en la autoeducación la comprensión y aplicación de los mismos como si fueran un faro en el horizonte.

El camino más rápido es soltar la bestia de la furia, pero a la vez es el camino que lleva directo al sufrimiento y a ensanchar las veredas y los barrios de más violencia y gritos de angustia, el camino difícil y largo es el perdón y la tolerancia, es un camino complejo y complicado, para transitarlo hay que estudiar mucho, hay que pensar diferente, hay que sentir de otra manera. A los colombianos nos gustan los caminos rápidos, no nos gusta esperar, eso me da angustia de lo que pueda pasar, pero a la vez a los colombianos tampoco nos gusta la muerte, eso me da esperanza, eso me hace levantar para ser mejor todos los días.

 

 

 

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