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JUDICIAL

Esmeralda fue asesinada: Medicina Legal

El cadáver de Esmeralda Marín ‘habló’. La enfermera, hallada sin vida a finales del año pasado en Neiva, no se suicidó. Medicina Legal confirmó que fue asesinada. El CTI de la Fiscalía tiene en la mira a un policía como principal sospechoso del crimen.

 

Las dudas han sido despejadas por completo. La ciudad de Neiva está frente a un nuevo homicidio de una mujer. Se trata del caso de Esmeralda Marín, la enfermera que fue encontrada sin vida el 10 de diciembre pasado en el barrio Gualanday de Neiva.

Si bien el caso fue manejado inicialmente como un suicidio, el cadáver de la mujer ‘habló’ y tras las múltiples inspecciones al cuerpo, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses acaba de confirmar que la enfermera fue asesinada.

Los contundentes resultados de la necropsia son ahora pieza clave en la investigación que, como un rompe-cabezas, han ido armando juiciosamente durante el último mes agentes del CTI de la Fiscalía del Huila.

Según Medicina Legal, la mujer, de 38 años de edad, habría sido asesinada en la tarde del 9 de diciembre. Su cuerpo registraba, alrededor del cuello, cuatro heridas.

El análisis hecho por los médicos legistas estableció que dos de esas lesiones eran ‘ante-mortem’, es decir, que fueron ocasionadas antes del fallecimiento de la víctima.

Al estilo CSI, los galenos descubrieron además que la occisa registraba fractura de mandíbula, provocada, al parecer, por un golpe contundente minutos antes del deceso. La lesión, muy probablemente producto de un puño, le fracturó en dos partes el mentón.

De todas estas lesiones, los médicos de Medicina Legal acopiaron escabrosos detalles y los consignaron en un informe, que incluye además fotografías, que a los ojos de cualquier persona resultan perturbadoras.

 

¿Qué pasó?

Con los resultados de la necropsia, la inspección al lugar en donde fue encontrada la mujer y los testimonios que han sido recopilados hasta ahora, los investigadores asignados al caso no tienen duda que la enfermera Esmeralda Marín fue atacada salvajemente y que la escena de su supuesto suicidio fue un elaborado montaje.

“La escena fue tan real, tan bien elaborada, que era muy limpia para ser un suicidio”, le dijo a LA NACIÓN una fuente cercana a la investigación.

Las primeras dudas surgieron con la posición en que se encontraba el cuerpo: fue hallado de rodillas y suspendido de una delgada soga atada al tubo de una cortina.

Las manos de la mujer estaban esposadas, algo que llamó poderosamente la atención de los agentes que acudieron ese 10 de diciembre a la inspección ocular y levantamiento del cadáver.

Además de hacer una descripción morfológica de la víctima, los servidores tomaron atenta nota de sus prendas de vestir.

 

El sospechoso

Todo este material les ha servido a los investigadores del CTI fijar sus miradas en el compañero sentimental de la mujer como el principal sospechoso.

Se llama Héctor Joel Urbano Perdomo, un patrullero adscrito al CAI Estadio de la Policía Metropolitana de Neiva, quien fue enviado a vacaciones dos días después de la muerte de la mujer y ayer se reintegró a sus labores.

El uniformado, al parecer, ha entregado versiones contradictorias sobre los hechos.

A él lo describen además como una persona “agresiva, dominante, compulsiva, obsesiva y violenta”. Incluso, en alguna oportunidad, fue retirado del servicio policial por buscar resolver las diferencias a los golpes.

Al interior de la Policía, algunos compañeros le temen. Y cada vez que puede, el uniformado hace alarde de ser un experto en artes marciales.

“Mi mamá a muchos nos decía que le tenía miedo a Héctor, que era mejor que no supiéramos como era él, y que ella quería alejarse por un tiempo. Él la golpeaba, familiares fueron testigos, pero no sé qué paso, si no la quería mejor la hubiera dejado”, fue el testimonio que entregó en diciembre pasado Víctor Ninco Hernández, el hijo mayor de la mujer, al referirse al patrullero Urbano Perdomo.

Los investigadores han ido más allá y no descartan que el principal sospechoso del crimen haya tenido un cómplice para armar la treta del suicidio.

“Una escena tan bien concebida debió haber contado con la ayuda de un tercero”, contó un investigador, que fue consultado por LA NACIÓN.

 

Más pruebas

El CTI de la Fiscalía tiene en su poder el teléfono celular de la víctima.

Del aparato, los investigadores lograron extraer una comprometedora conversación de la enfermera con una amiga. En ella, la víctima le advertía haber descubierto actividades non sanctas de su compañero sentimental.

 

Justicia

Con este ‘arsenal’ de pruebas, no se descarta que la Fiscalía, en cabeza de su director seccional, Justino Hernández, esté tomando en las próximas horas las primeras decisiones frente a este caso, que tiene rasgos similares al de Gina Paola Manrique, la comerciante de motocicletas eléctricas que supuestamente se había suicidado a finales de 2017 en Neiva, pero que luego se comprobó que fue asesinada por su compañero sentimental.

Por ahora, retumban las palabras de uno de los hijos de Esmeralda Marín: “Mi mamá era una mujer berraca, luchadora, sin problemas, sin deudas, no tenía una vida perfecta. La vida de mi mamá quedó en las manos de un policía criminal”.

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