La Nación
Ética progresista   1 16 abril, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Ética progresista  

Juan David Huertas Ramos

 

Algunos colombianos se preguntarán por aquello que el progresismo defiende, y no es para menos, pues antes de afiliarse a cualquier proyecto político resulta indispensable entenderle en su contexto. No en vano, la condición política sirve de plataforma para empinarnos ante la realidad, observar los hechos y tomar partido.

Por ello, presentaré a continuación algunos aspectos que considero hacen parte de la ética progresista.

Primero, la relación progresismo-socialismo no es ficticia ni tampoco obedece a una estrategia de desprestigio contra el progresismo. Pues, bien lo dijo el dictador cubano Fidel Castro en entrevista con Carlos Mesa Gisbert en DE CERCA el 09 de agosto de 1993, a propósito del desmantelamiento de la URSS: “ningún hombre progresista del mundo podría estar de acuerdo con la destrucción del socialismo”.

Segundo, en lo que respecta a los medios para la consecución de fines políticos, Fidel aseguró en otro momento de la misma entrevista, que “la violencia ha sido partera de la historia”, justificando así el carácter violento de todas las revoluciones, incluida la de los Castro en Cuba con su siniestro paredón y el padrinaje de las guerrillas latinoamericanas.

Tercero, con respecto a las contradicciones que el lujo le impone a la izquierda, Pepe Mujica, el admirado guerrillero tupamaro que presidió la República del Uruguay entre 2010-2015, aclara (por si fuese necesario) que “no se puede ser un progresista y de izquierda y vivir acomodado a lo burgués”.

Cuarto, los progresistas son poseedores de una superioridad moral que les asiste solo por ser progres. Estos se auto determinan siempre como los buenos mientras que a sus contradictores les endilgan la maldad absoluta, por supuesto.

Un ejemplo de esa supremacía moral la ofreció Fidel Castro en la 31a sesión plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando se autoproclamó el vocero de la paz, de la justicia, de los pueblos oprimidos y “de los niños sin pan a nivel mundial”. Lo hizo también en nombre de la libertad de los pueblos, de los derechos humanos y “de aquellos que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana”.

Este es, en efecto, el mismo discurso adoptado por las FARC o Comunes, creyendo que Colombia es un país de idiotas que olvida las torturas, las masacres, los secuestros, los campos de concentración, los abortos inducidos y el reclutamiento infantil, entre otros vejámenes, con los que argumentaban su revolución.

Quinto, los progresistas son intelectuales y, cuando menos, inteligentísimos. Sus opositores somos, naturalmente, dotados de idiotez. Esa superioridad intelectual proveniente de su postura política no tiene explicación científica alguna, sin embargo, hace parte de la ética progresista. Para muestra, la característica “humildad” con la cual Petro y Rafael Correa maltratan a todo aquel que se atreve en contra de ellos.

Finalmente, debo advertir que el progresismo se ha apropiado del concepto de progreso como escaparate en el cual tienen lugar todas sus acciones, independientemente de que generen todo lo contrario a lo que debería entenderse realmente por tan importante concepto.