La Nación
Gracias “chicas superpoderosas” 1 11 agosto, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Gracias “chicas superpoderosas”

La gesta de la selección absoluta de futbol femenino, debe marcar un momento de inflexión para que esta disciplina sea reconocida en su real dimensión por parte de la dirigencia del futbol colombiano.

El subcampeonato de la copa américa, logrado en el estadio de Bucaramanga con un lleno total, cayendo por la mínima diferencia ante la potencia mundial que es Brasil fue un resultado con ganancia doble, pues se clasifico al mundial femenino 2023 que se disputará en Australia y Nueva Zelanda y los juegos olímpicos de 2024 que se desarrollarán en Paris.

Todo esto relieva una realidad y debe significar que el futbol femenino ya nunca será igual, nunca podrá ser desconocido, ni menospreciado, pues en un país donde los simbolismos tienen un profundo impacto, los directivos de la Federación deben entender que la liga se debe jugar gran parte del año y no solamente pocos meses como sucede hoy. Pero para ello se necesita que los clubes profesionales, que en su mayoría viven con dificultades económicas, tengan el apoyo económico de la Federación con recursos propios y de la FIFA y la Dimayor despliegue actividad de mercadeo para que los ayude a financiar.

La liga larga es una necesidad. El camino hacia la igualdad económica se construirá paso a paso, sin necesidad de sobresaltos.

Recuerdo cuando finalizando 2016 con el apoyo fundamental de varios clubes y del presidente de la Federación, Ramón Jesurum, asumimos la responsabilidad desde la Dimayor de profesionalizar el futbol femenino con la creación de la liga cuya primera edición se jugó en 2017.

Todos los obstáculos y las dificultades presentadas por Álvaro González, presidente de Difutbol, quien siempre se refirió en términos despectivos hacia las mujeres en el futbol, se sortearon exitosamente, comenzando por la exigencia absurda de pagar derechos de formación de las jugadoras que pasaban al futbol profesional, cuando el Tribunal de Arbitraje Deportivo TAS ya había determinado en reiterada jurisprudencia su improcedencia por considerar que este gravamen haría inviable económicamente el desarrollo del futbol femenino. Esa circunstancia nos tuvo en vilo el proyecto de la liga por un tiempo mientras la FIFA ratificaba su posición. Allí Jesurum estuvo solidario con su gestión, como lo hizo posteriormente aportando un valor significativo de recursos procedentes de FIFA para su sostenibilidad en el primer año. Por eso ahora extraña su actitud indiferente frente a la supervivencia de la liga cuando no ha sido enemigo de su desarrollo y cuando las dificultades y los vetos se han gestado en otras instancias.

La otra situación que no se puede permitir es el recurrente veto a las jugadoras que se atreven a levantar la voz reclamando sus derechos. Los casos de Isabella Echeverri, Melissa Ortiz y Yoreli Rincón, entre otros, son casos evidentes de sobreponer la decisión de un directivo a su calidad como deportistas, pero sobre todo, a su dignidad de mujer pisoteada y ofendida en una sociedad machista.

La justificación que en su momento se expuso para impulsar la liga femenina fue precisamente el reconocimiento al esfuerzo de la mujer para descollar en un deporte tradicionalmente machista, su aporte al futbol y un mensaje a la sociedad para su inclusión y reconocimiento de igualdad.