La Nación
Hasta que la voluntad nos separe 1 27 septiembre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Hasta que la voluntad nos separe

Durante esta semana ha ganado eco una iniciativa legislativa que hemos tenido la oportunidad de ver desde hace algunos años, la relativa al divorcio incausado. En palabras simples, es un proyecto de ley con el que se busca modificar la legislación civil colombiana, con el fin de incluir una nueva causal de divorcio, a las ya existentes, la cual consiste en la mera voluntad de cualquiera de los cónyuges. Se hace referencia a un “divorcio incausado” en atención a que la legislación vigente supedita el divorcio a una serie de causales que incluyen la infidelidad, maltrato, adicción a sustancias por parte de alguno de los cónyuges, entre otras, sometiendo a quien quiera divorciarse, a que se materialice alguna de estas causales.

En un país tan conservador como el nuestro, este tipo de proyectos no son de buen recibo, lo cual puede verse reflejado en las diferentes oportunidades en las que se ha hundido esta iniciativa en los últimos años. Al respecto y en favor del referenciado proyecto, estimo oportuno poner de presente las siguientes consideraciones: (i). Por más feo que suene, no se puede perder de vista el hecho de que el matrimonio es un contrato y, como contrato, debe permitir que las partes, puedan modular y establecer los términos y condiciones en los cuales celebran su “contrato”; y (ii). El divorcio incausado abre la posibilidad de que las personas que terminaron casadas por falta de madurez, criterio o porque fueron obligadas (debido a su edad, principalmente), puedan escapar de su “prisión”. Acá me gustaría detenerme para llamar la atención sobre el hecho de que, en Colombia, uno se puede casar desde los 14 y al respecto me gustaría preguntar: ¿Qué se puede esperar de un matrimonio en el que una de las partes solo tiene 14 años? Considero que se debe impulsar otra reforma, para que en el país solo sea posible casarse desde los 18.

Lo irónico de la situación, es que, a pesar de ser un contrato con vacación a la permanencia, el matrimonio es uno de los contratos que más se toma a la ligera a la hora de escoger a la otra “parte”, así como a la hora de discutir y de revisar las condiciones en las que será celebrado. Es por lo anterior, que no me resulta escandaloso o desmedido, que la legislación incluya mecanismos que le permitan a las personas, terminar contratos que ya no se acompasan con sus expectativas y proyectos de vida.