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Hechos que enlutan e invitan a la reflexión

Hechos que enlutan e invitan a la reflexión 1 9 agosto, 2020

Maritza Rocío López V.

Resulta comprensible la indignación que se siente ante el rapto, asesinato, tortura o abuso sexual de menores de edad; encontrar una explicación y sentido a este tipo de hechos, resulta mucho más difícil de comprender, cuando son otros niños los que demuestran tal crueldad, para hacerlo.

Tal es el caso de Charol Libeth Samboní Pérez, que con tan solo 9 años, fue encontrada sin vida el pasado miércoles en el municipio de Garzón, y quien según dictamen de medicina legal, la causa de su muerte fue ahogamiento, con el agravante de haber sido también, víctima de abuso sexual; situación que se vuelve más compleja al declararse otro niño de 13 años, como el responsable de éste crimen

Frente a este suceso y como podría esperarse, el menor de edad iba a ser linchado por la comunidad, teniendo que intervenir la policía para sacarlo del lugar, salvarle la vida y dejarlo a disposición del ICBF, para trámites administrativos correspondientes. Las voces que justificadamente gritan justicia, que reclaman la aplicación del rigor que guarda el Código Penal para los adultos, pero que movidos por el dolor o la rabia, juzgan el actuar de las autoridades o institución garante de derechos; se presenta la siguiente reflexión.

Pensemos: ¿Qué está fallando en la educación que se imparte a los niños? ¿Cuáles son los valores que se están inculcando, para hacer de ellos buenos ciudadanos?, ¿Qué podemos hacer para recuperar a los niños que caen en conductas delictivas, y evitar que se conviertan en delincuentes de por vida?, ¿En qué ambientes familiares, entornos educativos  de formación cívica y moral, los estamos formando?, ¿Será que la sociedad ha llegado al punto de distorsionar el sentido de la sexualidad, llevando a la hipersexualización de la infancia?, ¿Existe un verdadero control para que los niños no tengan acceso a contenidos violentos o sádicos, que presenta la televisión?, ¿Se conocen las fantasías y sentimientos de los niños frente a la violencia o la expresión de la sexualidad?, ¿Se hace del castigo físico y la represión  formas predilectas para corregir y educar?, ¿Faltará una mayor guía por parte de los adultos, para que los niños no tengan una visión distorsionada de la realidad, del respeto a la vida y dignidad?

Atender todos estos factores, no “satanizar” las acciones  institucionales, confiar en el criterio de los profesionales asignados para abordar éste tipo de situaciones, identificar las causas conscientes e inconscientes que llevan a la violencia en los niños, acompañar como sociedad a la familia de Charol Libeth sin ahondar más su sufrimiento y procurar entornos protectores para nuestros niños, niñas y adolescentes; puede evitar a futuro la ocurrencia de más hechos que enluten a una familia y un departamento, que siente como propio el bienestar y salud mental de sus niños.