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Implantes PIP, ¿prevenir o “curar”? por Carlos Bolívar Bonilla

El debate actual en Colombia acerca de qué hacer con los defectuosos implantes franceses de silicona (PIP), pone en evidencia las concepciones preventivas y “curativas” de la medicina. El debate actual en Colombia acerca de qué hacer con los defectuosos implantes franceses de silicona (PIP), pone en evidencia las concepciones preventivas y “curativas” de la medicina. La primera perspectiva, más económica para el Estado y más benéfica para la población. La segunda, lucrativa para los laboratorios y médicos particulares, desastrosa para las finanzas públicas y la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas. Esta última postura es la del presidente de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, quien manifestó a El Espectador que todas las prótesis no se deben retirar todavía, pues no hay pruebas de que, pese a sus defectos y riesgos comprobados, sean cancerígenas. Según él, que en Estados Unidos 35 mujeres hayan enfermado de gravedad no constituye causalidad entre los PIP y su enfermedad. Es decir, hay que esperar a que cada mujer se enferme para intervenirla o “curarla”. Aguardar a que muchas de ellas empeoren sus condiciones de existencia o mueran, para retirar los implantes. Esto es algo así como no impedir que los niños y niñas fumen desde temprano, pues, como alegan las empresas tabacaleras, no hay causalidad directa probada entre consumo de tabaco y cáncer de pulmón. Tan sólo existe una asociación riesgosa, según la cual, unos fumadores pueden desarrollar cáncer y otros no. Así que, tanto el consumo de tabaco como los implantes mencionados, son apenas factores de alto riesgo. Pero una elemental educación preventiva nos enseña que, una vez identificados estos factores asociados con una enfermedad, deben evitarse. Hay que anticiparse a su aparición o, si ya están presentes, eliminarlos cuanto antes. Por eso países como Francia ya ordenaron el retiro de todos los implantes, allí no quieren esperar a ver qué pasa, pues lo que está en juego es la vida de las mujeres poseedoras de tales prótesis. Tal vez, más allá de la aparente argumentación científica del médico presidente, lo que se esconde es el interés de evitar asumir responsabilidades éticas y financieras con la medida preventiva de retirar todos los PIP. Pero, además, el honorable presidente incurre en una contradicción flagrante cuando se le interroga acerca de si los cirujanos deben asumir el costo del retiro de los implantes, responde: “cuando noté que se rompían con facilidad les ofrecí a mis pacientes retirarlos gratuitamente. Pero no se trata de mi voluntad, sino de la de 650 miembros de la Sociedad”. Se rompen con facilidad, admite el científico, y retirará gratis todos los que él puso. Pero si los 650 colegas, o su mayoría supongo, deciden que no, las damas en riesgo tendrán que esperar. Otro debate pendiente es el de la conveniencia de las cirugías estéticas, en el que algunos dirán que la mejor prevención es no hacérselas. Sin embargo, asumo que cada quien, en uso de su libre albedrío, puede hacer con su cuerpo lo que desee. *Usco- Crecer.

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