La Nación
Inédita y triste despedida 1 26 octubre, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

Inédita y triste despedida

 

Píter Bonilla Díaz

Resulta ineludible escribir sobre lo que le está pasando a la humanidad. Enfatizado  de manera real, lo que nos está matando. Lo curioso es que los culpables de la creación del llamado “enemigo invisible” están protegidos por la “muralla” china. La misma de la infamia. Que, como se dice coloquialmente, “tiraron la piedra y escondieron la mano”. Como todo régimen comunista. O para utilizar un término que no les gusta a los extremistas de la izquierda criolla, a los CastroChavistas.

Con  esta situación cada quien ve lo que observa positivo, o lo contrario. La esperanza es que con esta rara experiencia se tendrá que aprender lo mejor de lo peor. Claro que  también  a la inversa. Y que en lugar de aplicar lo positivo, no controlan el diablo que llevamos por dentro. Así como cargamos un ángel. De igual manera se dice que el ser humano lleva consigo un niño. Por favor, me refiero también a las féminas. El mismo que entrada la edad se nos sale el  “vegarjito,” o “vergajita”, para llamar cariñosamente al intruso. De similar forma sucede con los párvulos. Que muchas veces hablan como viejos. No se sabe si son un  encanto ante la precocidad de algunos de estos chicos, o si es mejor  que sigan utilizando el lenguaje pueril.

Decía que haciendo alusión a las barbaridades que está haciendo satanás en algunas personas, me refiero nuevamente a la estupidez  de perseguir a los trabajadores de la salud. Que si es cierto se exponen a contagiarse del virus, y que de pronto obviamente, sin querer lo pueden transmitir, están cumpliendo con su noble labor de proteger a sus pacientes. Sobre todo ahora con esto de la pandemia. Los  términos torpes, irresponsables  y canallas, les queda pequeño a estos criminales en potencia.

Pero vuelvo con el tema que me dio el título de este comentario. Lo que por las restricciones nos cambió hasta el ritual que se acostumbra cuando fallece alguien. Con el velorio, el acto religioso que acostumbren los seguidores de las distintas sectas y en el caso de los católicos, la Santa Misa, y posterior sepultura o cremación, como se está haciendo ahora. Que entre otras cosas, uno se atiene a la buena fe de la Funeraria. No se sabe si ciertamente lo que entregan después es el polvo con que hicieron a la difunta. Esta vez para equiparar  bien las cargas con nuestras  bellas mujeres. Es decir, si el que partió hacia la eternidad, no lo cremaron, sino que  fue enterrado.

A todos estos lugares no pueden asistir sino un máximo de diez. Y  dolientes. Desde luego que si quien dejara de existir había solicitado que no fuera objeto de velación, es otro asunto. Que como todo trae su pro  y su contra, lo primero es que estas reuniones en torno al féretro presentan la oportunidad para el reencuentro con familiares del fallecido que hacía tiempo no se veían por residir en distintos lugares del país o del mundo. Pero también para  la  chismografía y hasta para  “pelar” al encajonado. O “comer del muerto”, como dicen por ahí…Sin descartar a los parientes de la desaparecida, otra vez para equilibrar las cargas con las damas, con sonoras carcajadas.

Por su puesto que las perjudicadas son las floristerías. Que según las lenguas viperinas, como la figura de las coronas tienen un negocio redondo, y  si se tiene en cuenta que su costo no es barato, así los arreglos de ahora sean hermosos, dizque después rescatan  las flores para volverlas a vender  cuando la gente los lleva al cementerio y una vez se retira del silencioso lugar.

He preguntado a personas amigas que han pasado por estas circunstancias luctuosas y dicen que el acompañamiento a los referidos sitios hace mucha falta. Porque ello agregado a la inspiración del poeta que sin expresarlo lo llevamos en el alma,

la soledad ante el viaje sin retorno

de un ser querido aumenta la tristeza,

la ausencia agranda  la pena

y si acaso   nos  golpea la indiferencia,

la nostalgia con su fuerza nos compunge

y más aún con esta inédita y triste despedida.

 

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