La Nación
La Policía debe ser ética y no cosmética 1 22 junio, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

La Policía debe ser ética y no cosmética

Por: Alexander Molina Guzmán

Prácticamente cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llegaba al país, los gobiernistas en el congreso hundieron la reforma a la policía que presentó la oposición y apoyarán la que presentará el presidente Iván Duque en el próximo mes de julio. La propuesta del gobierno nacional estará centrada en crear un Viceministerio de Seguridad Ciudadana, una Dirección de Derechos Humanos, un estatuto disciplinario, profesionalización policial, creación de una universidad policial, más tecnología para responder más rápido ante la delincuencia, renovar la imagen que incluirá nuevos uniformes, mejorar las relaciones con la ciudadanía y sobre todo con los jóvenes. Claro que sí, la policía requiere una reestructuración, una modernización, que tenga como objetivo ser una institución ejemplar y de confianza para los ciudadanos. Pero eso no se logra con crear más burocracia, con renovar tecnología, vehículos, uniformes y desplegar campañas publicitarias. Eso se logra es con moral, con ética.

La ética policial la demuestran esos mismos policías que prefieren renunciar porque no se incorporaron a esa institución para masacrar, como lo hizo el patrullero Denilson Scott González. Y es cierto, porque la ética no es cuestión de nuevos maquillajes, sólo de latonería y pintura, es la posición firme de no usar ese poder para amenazar a alguien, desaparecerlo, asesinarlo o para violaciones; que ese poder no se utilice para unirse a estructuras delincuenciales; que ese poder no se utilice para infiltrar las protestas, incitar al vandalismo y tirárselas; que ese poder no se utilice para traicionar la confianza de los ciudadanos. En este sentido, lo primero que debería hacer la policía es desvincular a aquellos que realmente no tienen vocación moral, ética, de portar ese uniforme; que no pueden pertenecer a la policía quienes ven ese poder como una oportunidad de negocio.

Y esa renovación debería empezar por la misma cúpula, que debería retirarse ante la incapacidad que han demostrado en el mando para defender los derechos humanos en medio de la protesta social. Pero lo que hizo el gobierno nacional y sus mayorías “enmermeladas” en el congreso fue premiar al director de la Policía Nacional con el ascenso de mayor general a general, cuando lo justo era haberlo retirado del cargo por ser responsable directo en la violación de los derechos humanos que ha hecho hombres bajo su mando. (En estos casos, es que viene como anillo al dedo la frase de “hay personas que se caen para arriba”).

Lo que la ciudanía reclama, no sólo ahora, es una policía robusta, renovada, modernizada en lo moral, en lo ético, más que en el ropaje.