La Nación
Lágrimas de honor 1 21 enero, 2021
ALDETALLE

Lágrimas de honor

Las secuelas del vandalismo quedaron incrustadas en el cuerpo y en el alma para este uniformado que hoy, 365 días después, de estar tan cerca de la muerte, continúa una larga recuperación. Esta es la historia de Arnoldo Verú, el patrullero de la Policía Metropolitana de Neiva, herido por una ‘papa-bomba’.

 

 

Astrid Hernández Ospina

 

 

Escuchar hablar de Arnoldo Verú es remontarnos al 26 de noviembre de 2019, cuando todo un país volcó la mirada a la ciudad de Neiva, luego que un uniformado de la Policía fuera herido por un encapuchado que había lanzado un artefacto explosivo en el desarrollo de las manifestaciones del Paro Nacional.

Cuando Arnoldo Verú Tovar era tan solo un niño, admiraba siempre el uniforme, la elegancia y la autoridad de quienes se hacían policías. “Algún día seré como ellos”. Fue el primogénito fruto del amor entre el señor Arnoldo Verú (QEPD) y la señora Ernestina Tovar. Se dedicó a jugar fútbol cuando a escondidas salía de su casa para reunirse con amigos, intentó buscar alguna carrera universitaria que le llamara la atención, pero siempre su objetivo estuvo claro y hace 17 años este opita se hizo policía.

En el corazón de este uniformado que durante más de década y media le ha servido a Dios y a la Patria no hay cabida para el odio ni el rencor, en sus ojos es evidente la tristeza, la impotencia y la incertidumbre de no saber qué pasará con su vida, teme no poder ser libre nuevamente y depender siempre de alguien para valerse por sí mismo; Verú lucha día a día para recuperarse, pero no bastan sus esfuerzos y las ganas de salir adelante.

365 días después

Hoy se cumple un año exacto de aquél fatídico día, cuando en medio de una manifestación que se pretendía sería ‘pacifica’, un encapuchado lanzó una ‘papa–bomba’ contra un grupo de uniformados que intentaban controlar los desmanes; el patrullero Verú hacía parte de ese cerco humano de aproximadamente 15 policías, donde el único que resultó herido de gravedad fue él, ¡literalmente vivo de milagro!

“De ese momento no me acuerdo de nada, a grandes rasgos recuerdo que ese día me llamaron para servicio, me necesitaban así como necesitaron a muchos de mis compañeros, la situación lo ameritaba y para eso nos formamos, para servir. Ese día el chaleco balístico se me había quedado en la casa, llegué al sitio de concentración que era a las afueras de la Universidad Surcolombiana, y mientras recibía instrucciones me acordé del chaleco, y como si se tratara de una corazonada, llamé a mi hermana, la esperé un par de minutos para que me lo trajera y finalmente me lo puse (…) de no haber hecho eso, ni siquiera estaba contando el cuento (…) ese artefacto me había podido matar, eso es una mezcla de muchos elementos peligrosos, y pese a estar en las condiciones actuales, le doy gracias a Dios por una segunda oportunidad de vida”, le contó a LA NACIÓN el protagonista de esta historia.

La vida para este hombre de 44 años de edad, cambió por completo, sus sueños quedaron violentamente aplazados, su anhelo de formar una familia está en el limbo y hoy solo espera que un implante coclear le devuelva las esperanzas de seguir luchando y paulatinamente vaya recobrando la vida que un día un joven encapuchado literalmente le arrebató. Hoy, un año después aún se niega a ver fotos o vídeos tormentosos de ese día.

Lágrimas de honor 7 21 enero, 2021
Esta fue la portada de LA NACIÓN que muestra el preciso instante en que la ‘papa-bomba’ impactó la humanidad del policía Verú. La imagen captada por nuestro reportero gráfico Sergio Reyes, ha sido ganadora de premio de periodismo.

 

Secuelas imborrables

“Ahora los papeles se cambiaron, primero era él quien hacía todo por mí, me cuidaba, me protegía, me tomaba de la mano al cruzar una calle y se desvelaba cuando me enfermaba; hoy, soy yo, quien lo cuida, lo protege, soy su guía, su mano amiga y quien desde ese día ha librado la misma batalla que él; llevo a cuestas el mismo dolor, el sufrimiento de verlo como de a poco mi hijo se agota, intenta no luchar más, pero sobretodo, como se siente frustrado al no poder realizar nada sin necesitar ayuda o supervisión. Verlo en la madrugada llorar, en el día pelear, es una situación difícil, muy dura, la paciencia se agota, las ganas por momentos intentan desaparecer”, precisó Ernestina Tovar.

A la fecha Verú solo agradece a Dios estar vivo, y aunque su estado físico parezca ser el mejor, su problema es interno. Las secuelas de ese brutal impacto le dejaron daños irreparables en su organismo que ya empezaron con el pasar de los días a dejar evidencia, intenta reponerse de todas las lesiones que son contadas con los dedos de una mano, pero los días parecen ser una carrera contrarreloj que no van jugando a su favor.

Con voz entrecortada y lágrimas caer sobre su mejilla, Arnoldo deja en evidencia la dificultad que le cuesta escuchar, y tratando de leer los labios de quien le habla, intenta interpretar las palabras; su oído izquierdo quedó destruido totalmente, la movilidad en la cara quedó parcialmente reducida, no puede ingerir alimentos ni masticar por ese lado, no tiene sensibilidad, y aunque intenta hacerlo creyendo que el poder mental todo lo puede, siempre falla en sus intentos; la mano izquierda de a poco se va recuperando, tres dedos perdieron movilidad, le cuesta sujetar cualquier objeto, no tiene agarre muscular y pese a que asiste sin falla a las terapias de movilidad, recuperar la sensibilidad está tan inalcanzable como su sueño de ser papá y poder ascender en la Policía.

Como consecuencia de la afectación auditiva, Verú no puede caminar solo, le cuesta incluso incorporarse, pues al hacerlo tiene el riesgo de caer, como en ocasiones le ha sucedido y donde su madre lo ha protegido.

Los dolores de cabeza, mareos, la inestabilidad, el vértigo y la pérdida de la memoria, han jugado en su contra, son una constante de la que intenta zafarse, pero que parecer ser su sombra. Hoy, aún le cuesta reconocer rostros de personas, incluso de familiares, y hasta momentos que pese a que los vivió, ya no son parte de sus recuerdos, ha tenido parcialmente una amnesia que parece no quererlo abandonar.

No camina sin ir tomado de la mano de su progenitora o de su hermana, quien está ad portas de graduarse como médica, y desde entonces ha sido su fiel compañera en las cuestiones clínicas. Estas dos mujeres se han convertido en lazarillos del hombre que un día tomó las riendas del hogar, cuando su padre faltó, dejando incluso aplazados sus sueños, por ver realizados los de su familia. Ya no le tiene miedo a la muerte, pero sí a perder a su mamá que ha sido su fortaleza todo este tiempo.

“Un sueño que parece inalcanzable”

“Mi mayor anhelo era poder ascender a subintendente, precisamente este año iba a concursar para lograrlo, tenía tantas esperanzas en poder hacerlo porque confiaba en mis capacidades, pero este hecho me partió la vida en dos, los sueños se quedaron estancados, las metas, propósitos parecen ya no tener sentido”. Verú aplazó su deseo de poder ser papá y de formar una familia, con el fin de ayudar económicamente a su hermana en sus estudios, y pese a que le falta muy poco para culminar, no sabe cuándo pueda lograr su objetivo, pues ahora lo varadamente importante para él es recuperar la audición. Con urgencia necesita ser intervenido quirúrgicamente para recibir un implante coclear, un pequeño dispositivo electrónico que le permitiría volver a escuchar por el oído izquierdo, esto consiste en que una parte del aparato se implanta quirúrgicamente dentro del hueso que rodea el oído, que sería un estimulador-receptor, el cual acepta, decodifica y luego envía una señal eléctrica al cerebro.

Pese a lo necesario de esta intervención, el uniformado no lucha simplemente contra las frustraciones propias, sino que también tiene que batallar para ser escuchado, para que administrativamente desde la Policía se lleve a cabo el proceso, que además de ser engorroso es millonario, pero que en este momento sería la última y única esperanza que tiene Verú para recuperar la audición y continuar llevando a cuestas las heridas imborrables que le dejó un acto vandálico de un encapuchado.

Emocionalmente hablando, este hombre de temperamento fuerte y soñador, está de forma imprescindible, su corazón está bien, continúa estable con su pareja quien también ha sido su apoyo en todo este proceso, sueña con poder ser papá, salir, disfrutar, portar de nuevo el uniforme que un día de niño miró con gran esmero, y que hoy ha tenido que colgar en su habitación hasta nueva orden, pues solo la decisión de una junta médica que aún no se ha realizado, le determinará si puede regresar o no a servicio.

Calidad de vida

“A mí no me interesa cuánta plata me puedan dar por mi situación, no me interesa salir pensionado, y tampoco que me arreglen con unos cuantos millones, yo necesito libertad, poder ser el hombre que era antes, caminar, hacer las cosas yo solo, reír, jugar, bailar, me llena de miedo ser un inservible que siempre tenga que tener a alguien al lado, porque ese alguien algún día se va a cansar y no quiero ser inspirador de lastima (…) el dinero no le devuelve a nadie la calidad de vida que necesita, temo que me saquen de la institución en cualquier momento, a decir verdad ese es mi mayor miedo, y lo único que pido y necesito es respaldo de la Policía, de esta gran familia que he integrado por 17 años y tres meses, que me solucionen el tema de la cirugía, porque si no se hace a tiempo, mi oído derecho podría también perderlo”.

A la fecha, el agresor y responsable de este violento ataque no ha sido individualizado, pese a que existen algunas versiones de testigos que no han querido declarar formalmente, las autoridades le siguen la pista a un joven que ya está identificado, pero sin pruebas, sin testimonios ni evidencias, no ha sido capturado; así solo esperan que esos ciudadanos que han informado y señalado reiteradamente a la misma persona, hablen y este capítulo no se dé por cerrado sin hacer justicia.

Lágrimas de honor 8 21 enero, 2021
El policía Arnoldo Verú acompañado de su madre.