La Nación
Las dinámicas atroces del mercado 1 21 octubre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Las dinámicas atroces del mercado

Piero Emmanuel Silva Arce

El ideal de la modernidad se había allanado camino sobre la promesa de una sociedad más libre, igualitaria y fraterna. El avance tecnológico iba a permitir a los ciudadanos el uso del tiempo libre en el ocio, el cuidado y la creación. A pesar de esto, lo que se reforzó fue una lógica de sacrificio en todos los ámbitos de la existencia, sustentada en la esperanza de poder consumir un poco más, de insertarse en el mercado; satisfacer necesidades artificiales es el ideal general. Lo que se conoce como civilización es un modelo elemental donde la necesidad es el eje.

Las comunidades primitivas cazaban para satisfacer una necesidad vital: comer. Se gastaba energía para recolectar plantas, carne y todo tipo de alimentos para continuar habitando el planeta en conexión con la naturaleza. Hoy se invierte esa energía para cambiar dinero por objetos que dejan de funcionar cada determinado tiempo, se contamina el medio ambiente con toneladas de basura; es un ciclo que nunca termina, compras, deudas, compras. La sociedad contemporánea, construida sobre el ideal científico, encarceló a los individuos en el espacio privado y les prometió que ahí iban a ser libres. Toda la estructura social se fue acondicionando para servirle al único amo: el mercado. Se vendió muy bien la sensación de que estamos en una era de adelanto humano y tecnológico, lo cual en parte es cierto, pero sosteniendo una lógica de elemental necesidad. Mientras esto se da por sentado, las decisiones que determinan el rumbo de la sociedad se dejan en manos de reducidos grupos de interés, es decir, la actividad política se delega a unos sectores burocráticos destinados a manejar los hilos del Estado. El momento político para las mayorías queda reducido a la actividad electoral; se cree que ser ciudadano es salir el día de las elecciones a depositar el voto en una urna. El resto del año amplios grupos de personas sobreviven en situaciones de marginalidad y pobreza extrema y, los otros, las capas medias, intentan insertarse en el modelo de consumo capitalista.

Como sujetos no podemos escapar fácilmente de las lógicas impuestas en el tiempo. No obstante, es importante complejizar el mundo que habitamos; la pregunta constante sobre los contextos lleva a descubrir lógicas de dominación, de autoritarismo y de opresión que son sutiles en una cotidianidad abrumadora, competitiva y hostil. En los subterfugios de la historia se pueden encontrar otro tipo de relaciones sociales, enmarcadas la solidaridad y el cuidado que rompen las dinámicas atroces del mercado.