La Nación
"Les gusta la leche, pero no la vaca" 1 2 julio, 2022
Entrevista

“Les gusta la leche, pero no la vaca”

El presidente de la Federación Nacional de Productores de Carbón, Fenalcarbón, Carlos Andrés Cante, habla con LA NACIÓN sobre el impacto que traería acabar con la industria del carbón en el país. Dice además que “es el reciclaje de un discurso populista que también ha permeado candidatos presidenciales de la derecha”.

 

 

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

“La realidad económica es: acaban con el carbón y acaban también con el petróleo y acaban con todos los programas de asistencia social en el país”. Así lo asegura el presidente ejecutivo de la Federación Nacional de Productores de Carbón, Fenalcarbón, el economista huilense Carlos Andrés Cante, quien en esta entrevista con LA NACIÓN habla sobre el impacto que traería acabar con la industria del carbón en el país.

¿Cuál es la radiografía hoy de la industria del carbón en el país?

El país tiene más de 16.000 millones de toneladas en recursos tanto de carbón térmico, que es el que se utiliza para generar energía y fundamentalmente se exporta, como carbón metalúrgico, que es el utilizado en la industria del acero. Somos uno de los países privilegiados en América latina, al ser el principal país en reservas; son más de 8.000 millones de toneladas de carbón en reservas. Nuestro carbón es apetecido a nivel internacional por su poder calorífico y su calidad en materia de cenizas y bajo en azufre. Nosotros somos el tercer exportador de coque metalúrgico, que se genera a partir de la producción y refinación en seco del carbón térmico, y estamos aspirando este año exportar 3,8 millones de toneladas de coque metalúrgico. Las cifras redondas que convirtieron al país en el quinto exportador mundial de carbón hace algunos años han disminuido. En el 2017, estuvimos en un poco más de 90 millones de toneladas producidas y para este año creemos que podemos estar por encima de las 60 millones de toneladas.

¿Por qué esa reducción en la producción de carbón?

Ha habido una importante reducción en la producción de la gran minería del norte del país. Básicamente, hemos tenido dos proyectos afectados, uno de ellos el de la multinacional Glencore, que decidió este año devolverle los títulos a la Agencia Nacional de Minería. Era una producción de cerca de 15 millones de toneladas anuales; fue un caso de negocios: se volvió muy costoso ese proyecto y el precio del carbón había caído demasiado. El otro tema tiene que ver con la disminución de Cerrejón Zona Norte; han tenido unas decisiones de orden judicial con respecto a consultas previas y fallos de la Corte Constitucional, que hoy mantienen esa producción en cerca de 20 millones de toneladas. Hay que decir, sin embargo, que en el interior del país la producción de la pequeña y mediana minería ha venido creciendo. Este ha sido un año favorable en términos de precios en lo que tiene que ver con carbón metalúrgico y coque metalúrgico. A partir de que inicia la reactivación económica en la mayoría de países del mundo, los precios del carbón térmico han mejorado, al pasar de 38 dólares a 140 dólares en un mes. El mercado sigue demandando carbón en el mundo.

¿Qué tanta demanda tiene hoy el carbón?

En la actualidad, el 29% de la matriz energética mundial, que son unos 13.000 millones de barriles equivalentes –que es como se mide la equivalencia de los diferentes combustibles–, es producida con carbón. Las proyecciones que ha hecho la Agencia Internacional de Energía pone el carbón en una disminución en la participación hacia los años 2040 y 2050 en la medida que las disposiciones de los países de mayores ingresos avancen hacia la disminución de la utilización del carbón. Pero, advierto algo: si bien en los países ricos el carbón ha disminuido paulatinamente en la generación de energía, en los países en vía de desarrollo ha venido aumentando y seguirá aumentando. El carbón tiene la ventaja que da confiabilidad, es asequible y por lo general, es el recurso energético más barato. Hay mercado para el carbón por unas décadas más.

¿Qué está haciendo la industria del carbón para tener una producción más limpia?

Nuestra matriz energética nacional es bastante limpia. El 70% de la generación eléctrica del país proviene de las hidroeléctricas. Y tan sólo el 8% de la generación, que le permite a nuestro sistema eléctrico un respaldo, es con carbón. Como tenemos una matriz tan limpia, también tenemos una matriz vulnerable al cambio climático porque cuando el fenómeno de El Niño, que se manifiesta con sequías, el caudal de los ríos disminuye y el nivel de las represas baja, resultando imposible generar energía. Es en esos momentos en que entran las centrales térmicas a carbón y a gas a respaldar el sistema eléctrico colombiano y a evitar que sucedan los apagones que le están sucediendo hoy a varios países de Asia. Nosotros no podemos renunciar a la posibilidad de utilizar un recurso que tenemos en grandes cantidades. Estamos hablando de unas emisiones que representan el 0,47% de las emisiones a nivel global y de esas emisiones, tan solo el 0,6% proviene de la generación de energía con combustibles fósiles, o sea, nada. Nosotros podríamos apagar el aparato productivo nacional y no moveríamos un milímetro la aguja de las emisiones a nivel mundial. Estamos hablando de un consumo interno de menos de 5 millones de toneladas de carbón térmico.

Estamos a seis meses de las elecciones presidenciales, ¿Hay preocupación en la industria del carbón ante la eventual llegada de Gustavo Petro, quien abiertamente está en contra de la producción de hidrocarburos?

Con este tipo de posiciones, lo único que un empresario puede pensar es que la forma de llevarlo a cabo es desconocer los contratos. En Colombia los contratos son a largo plazo y trascienden a los gobiernos. Nosotros tenemos títulos mineros a 30 años, prorrogables por 30 años más. Si un Presidente desconoce esos contratos, estamos hablando de autoritarismo, de desconocimiento de las instituciones, de las reglas de juego sobre las cuales hemos cimentado el Estado. Esa preocupación debería ser de todos los colombianos. Si es un empresario nacional, perdió, asume, recoge su plata y se va. Si es inversión extranjera, ese empresario se va para otro país y despide a los trabajadores. Eso puede suceder y dejan el país tirado. La preocupación debería ser de los hogares colombianos y no solamente de las 150 mil familias que viven del desarrollo del carbón o de los 120 municipios carboneros. Estamos hablando de más de 2.400 títulos de pequeña y mediana minería del interior del país. Estamos hablando de lo que significa las cargas por compensación que genera el carbón metalúrgico y el coque metalúrgico; son más de 100.000 viajes de tractomulas de 35 toneladas que sacamos del interior colombiano hacia los puertos. Estas mismas tractomulas se devuelven con graneles que no producimos aquí.

¿Qué podría pasar si de la noche a la mañana se cierra la industria del carbón?

La inflación se va a disparar. Y eso lo tienen que asumir son las familias colombianas. El empresario, seguramente, tendrá su casa por fuera del país y se va. Hace rato viene esta amenaza dictatorial, del populismo. Ni la izquierda ni la derecha es favorable para el desarrollo empresarial. Si hay algo que ha caracterizado a nuestro sistema democrático es la estabilidad en las reglas de juego. Escuchar hoy al candidato de la izquierda radical no es nada nuevo para nosotros. Él en la campaña pasada, hace cuatro años, estuvo en Samacá, Boyacá, uno de los municipios más ricos de Colombia, y dijo que el carbón se tenía que acabar. Y hace un mes estuvo en Cartagena, en el Congreso Nacional de Minería, y dijo que el 80% de las reservas del carbón se tienen que quedar enterradas. Para nosotros, este fantasma no es nuevo.

Pero, concretamente, ¿Qué opina de ese discurso?

Esto es el reciclaje de un discurso populista que es bastante light y que también ha permeado candidatos de la derecha. No es sólo Gustavo Petro. Aquí hay candidatos de la derecha que por ganar aplausos y votos en sectores que tienen una perspectiva diferente al cambio climático y las necesidades ambientales del país, han salido a decir que no les gusta el carbón y que no le genera nada bueno al país. Esa amenaza siempre ha estado. Frente a esto, nosotros con las empresas hemos venido trabajando fundamentalmente en el mejoramiento de los estándares. En Samacá, por ejemplo, firmamos con Corpobayacá un compromiso que se denomina ‘Montañas verdes, cielos azules’ para el mejoramiento de los estándares de las operaciones mineras y disminuir el nivel de emisiones, a pesar de que no son representativas en el país. Hay que decirnos la verdad: Si el problema es climático y de emisiones, las mayores emisiones en el país están en el transporte, en la agricultura y en la deforestación. Lo que pasa es que esto no arranca votos porque no enaltece ni genera pasión y les parece más fácil decir que van a acabar con el carbón.

¿Qué más podría pasar si acaban con la industria del carbón?

La realidad económica es: acaban con el carbón y acaban también con el petróleo y acaban con todos los programas de asistencia social en el país. Vale la pena decir que muchas personas que tienen relación con el desarrollo del sector extractivo –el señor que tiene un restaurante o fabrica los uniformes o son los señores del transporte—dejarían de tributar. Qué pasó con la disminución de los pozos petroleros y la repercusión en el empleo en Neiva y Aipe, regiones en donde no teníamos además un plan para hacer un reconversión productiva. Hoy deberíamos estar discutiendo en la reconversión productiva gradual y no generando amenazas sobre un sector productivo que tanto le ha entregado a Colombia.

Bajo este panorama, ¿Qué mensaje le envía a la ciudadanía?

Nosotros somos un país en vía de desarrollo con enormes retos en materia de desigualdad, pobreza y desempleo. Esos retos se van a superar si somos capaces de aprovechar de manera racional, inteligente y justa nuestros recursos naturales. Los discursos románticos y populistas están bien para economías de ingresos altos o países ricos, pero está probado que para países en vía de desarrollo no funcionan. Hay que aprovechar de manera inteligente nuestros recursos y no caer en posiciones populistas, que al final de cuentas, les gusta la leche, pero no les gusta la vaca.