La Nación
“Los partidos políticos son hoy cárceles” 1 11 agosto, 2022
Entrevista

“Los partidos políticos son hoy cárceles”

Rodrigo Lara Restrepo explica por qué razón renunció al Senado a pocas semanas de terminar el cuatrienio legislativo. El dirigente huilense la emprende contra los partidos políticos y reconoce que en el Congreso se ve lo mejor y lo peor de la sociedad. Habla además de los retos del gobierno de Gustavo Petro.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

Tras ocho años en el poder legislativo, Rodrigo Lara Restrepo renunció a su curul en el Senado de la República. En esta entrevista con LA NACIÓN, el dirigente huilense explica sus razones y ofrece un balance. Aprovecha además para hablar de los retos del nuevo Gobierno.

¿Cuál fue la razón de fondo para renunciar al Congreso?

Cuando quedan varias semanas para terminar este cuatrienio legislativo, renuncié para quedar libre de las ataduras partidistas, de posibles inhabilidades. El tema de los partidos políticos se ha vuelto muy vicioso. Resulta que toda la jurisprudencia que se ha hecho en los últimos años ha consistido, básicamente, en volver a los militantes de los partidos políticos una encomienda de sus dueños o directores. Renunciar a un partido político para aspirar por otro o para aspirar en cualquier otro cargo, se ha vuelto prácticamente un imposible; en el papel se puede hacer, pero en la práctica es imposible. Si usted, por ejemplo, quiere retirarse de un partido político porque está en desacuerdo en la forma antidemocrática como lo manejan, le toca hacerlo año y medio antes de las elecciones; eso es un absurdo. Esto ha hecho que los partidos políticos sean hoy cárceles y que sus directores cumplan el papel de director del Buen Pastor o director de la cárcel de Rivera, que tienen una gente amarrada. Tras esta renuncia, yo ya quedo libre; soy dueño de mi pase. No quiero que me vuelva a pasar lo que ocurrió en la pasada campaña presidencial, en la que terminé preso en Cambio Radical y luego, preso en el Nuevo Liberalismo, convertido en una fami-empresa electoral, y sin poder someter mi nombre a la voluntad de los colombianos.

¿Qué deja su paso por el Congreso?

Quiero agradecerles a Dios y al pueblo colombiano por haberme dado el inmenso honor de representar a la ciudadanía. Lo hice de manera transparente y honrada. Logré sacar adelante 10 leyes; no son leyes que otros congresistas me pasaron o que llegaron del Gobierno; son leyes que trabajé de mi puño y letra, con la Unidad de Trabajo Legislativo que conformé; son 10 grandes reformas. Saqué adelante la ley de donación de órganos; dos leyes relacionadas con el Icetex, entre ellas la que prohíbe cobrarle al deudor el dinero de cobro jurídico y prejurídico en los créditos; hice posible la ley de indignidad sucesoral, que declara indignos de heredar a los hijos que sean crueles o abandones a sus padres; la ley de libertad testamentaria para que los padres y madres decidan con mayor libertad cómo repartir su patrimonio; la ley que prohíbe el porte y consumo de drogas, incluso la dosis mínima, en parques, centros deportivos y colegios; sacamos adelante la ley de alternativas penales para madres cabeza de familia; la ley que reglamenta el proceso de elección del Contralor General de la República. Dejé andando otros seis proyectos de ley, entre esos el que humaniza la labor de los domiciliarios para que les paguen salud y pensión. Cuando fui presidente de la Cámara, adopté los pliegos tipo para luchar contra la corrupción en la contratación y eliminé los tiquetes aéreos en clase ejecutiva que tenían los congresistas. Jesús Antonio, si me permite la propaganda: un balance legislativo así de un congresista es muy raro que lo vaya a encontrar.

¿Con qué percepción del Congreso se va?

El Congreso es un espacio en donde se ve lo mejor de la sociedad colombiana, pero también lo peor de la sociedad colombiana. El Congreso es un órgano que representa las realidades de este país; es un órgano fundamental para la salud de esta democracia. Y el Congreso hay que entenderlo desde diferentes lógicas. Hay mucha corrupción en el Congreso de la República por un problema estructural; hay dos tipos de electores en el país, los que votan con criterio material y los que votan más allá de lo material. Quien vive en una zona rural alejada del país, tiene necesidades materiales insatisfechas; necesita, por ejemplo, que le pavimenten una vía o que le construyan un colegio. El congresista que se hace elegir en zonas materiales, necesita obligatoriamente satisfacer esas necesidades materiales. Para eso, requiere hacer gestión para que el presupuesto público llegue a esas regiones. ¿Cuál es el problema que tenemos en Colombia? Muchas de esas partidas regionales se asignan por debajo de la mesa; eso es lo que la gente termina llamando despectivamente mermelada.

¿Por qué la gente habla tan mal de los congresistas?

Para empezar, hay muchos escándalos de corrupción, como lo que hemos visto con estas historias de mermelada del senador Castaño. Otra cosa que la gente ve mal son los salarios de los congresistas. La gente no entiende y no va a entender nunca que un congresista reciba un salario cuando solo sesiona en dos periodos del año. Es absurdo, pero voy a explicar por qué: en ninguna democracia del mundo los Congresos trabajan 365 días del año, de 8 de la mañana a 5 de la tarde. Eso no existe en ninguna parte porque no se puede tener prendida todo el tiempo la maquinita de fabricación de leyes o, de lo contrario, terminaríamos en un mundo absurdo. Hacer leyes es algo excepcional porque una ley en su esencia es una regulación o una restricción. Lo otro es que en Colombia ampliaron al máximo las inhabilidades de los congresistas, llevando a que el congresista no pueda hacer otra cosa. Si uno mira otras regiones del mundo, el congresista puede ejercer su profesión. Por eso, en esos países los honorarios no son altos. Aquí en Colombia si alguien es congresista, no puede hacer nada distinto a ser congresista, es decir, profesionalizaron la labor y le dieron un sueldo. Y ese sueldo no puede ser inferior al de un magistrado o un ministro porque en el país tenemos tres ramas del poder equivalentes. Finalmente, el alto nivel de desprestigio del Congreso de Colombia se debe a que es el pararrayos de todas las desgracias de esta sociedad.

Tras el fin de su era en el Congreso, ¿a qué se va a dedicar ahora? ¿Es cierto que será candidato a la Alcaldía de Bogotá?

Es una posibilidad, apreciado Jesús Antonio. Yo no lo descarto. Sin embargo, en este momento no soy candidato y estoy saliendo del Congreso a organizar mi vida profesional. Yo tengo una familia y la tengo que sostener. Estoy conformando una oficina de abogados para trabajar en mi profesión. Estoy en esa tarea.

¿Qué augura del gobierno de Gustavo Petro?

La victoria de Gustavo Petro es el resultado muy sano de una alternancia democrática. Una democracia existe porque se impone de la voz de la mayoría y eso fue lo que ocurrió. Pero, hay democracia, no solamente cuando prima la mayoría, sino cuando hay alternancia, es decir, cuando distintos sectores de la sociedad pueden llegar al poder. Es la primera vez que tendremos un gobierno de izquierda. Hoy, Gustavo Petro es el capitán de este barco y todos tenemos que desearle que le vaya bien, que haga las cosas correctamente y que cuide mucho la democracia colombiana que le permitió llegar al poder. La democracia es el activo colectivo más importante que tenemos como sociedad; es la garantía real de que nosotros podamos gozar y disfrutar de nuestras libertades y derechos. Solo en democracia, el ser humano puede gozar de las libertades y de los derechos. Todos queremos que a Petro le vaya muy bien, pero, por supuesto, si vemos que está dirigiendo el barco directo a un huracán, la oposición entra a ejercer a recordarle al capitán que va por mal camino. Lo importante es dejar que él arranque y que organice sus equipos. Si le va bien a este Gobierno, nos va bien a todos.

¿Cuáles son los principales problemas que debe enfrentar el nuevo Gobierno?

Son muchos. Venimos de una crisis económica muy profunda a raíz del coronavirus. Mucha gente perdió sus empleos, sus microempresas y sus sueños, y eso fractura el tejido social de un país. Venimos de unas protestas muy fuertes. Venimos de tiempos en los que la gente ha gritado en las calles su más profundo desespero por lo que ha tenido que vivir. La primera tarea es escuchar ese grito que nace del corazón de millones de colombianos. En últimas, ese grito fue el que llevó a Petro al poder. El presidente Petro logró canalizar y representar a millones de colombianos de sectores populares. Tiene un reto económico grande. Hay una buena tasa de crecimiento, pero el año entrante hay una posible recesión en los Estados Unidos y eso para economías emergentes como la nuestra no es bueno. Nosotros vivimos como una familia que se gana 7 pesos, pero tiene gastos de 10. Esos 3 pesos los tiene que financiar, a través del banco, con un sobregiro o con la tarjeta de crédito. Así vive Colombia. Quién nos financia esos 3 pesos, pues Estados Unidos. Si suben las tasas de interés en Estados Unidos, hay menos ganas de seguirnos financiando. Otro tema que preocupa: la irrupción de los grupos armados del narcotráfico, sumándole a ello la dificultad de tener a un Eln que opera en Venezuela como un grupo paramilitar y en Colombia como un grupo guerrillero.

Económicamente, ¿qué retos puntuales tiene Petro?

Petro tiene que profundizar en transformaciones estratégicas de la economía colombiana. Nosotros en 10 años, posiblemente, no vamos a poder seguir dependiendo, como lo hacemos hoy, de los ingresos petroleros. En 2030, los vehículos eléctricos en todo el mundo habrán llegado a más de su punto de equilibrio, lo que quiere decir que la demanda de petróleo será menor. Colombia tiene que desarrollar una política de industrialización muy seria y al mismo tiempo tiene que activar el campo colombiano y extender nuestra frontera rural hacia Arauca, el Meta, el Caquetá y el Huila. Necesitamos producir comida: sorgo, maíz, trigo, soya y palma, que es el alimento hoy de todo el mundo.

En los días de mayor fragor de la campaña presidencial lo tildaron de ‘petrista’, ¿en qué línea política se encuentra actualmente?

Nunca entré a la campaña de Gustavo Petro. Lo que pasa es que el ambiente estaba muy caldeado. Mi posición es la de un demócrata. A mí me choca profundamente que se utilice el poder del Estado para destruir una candidatura y arropar otras. Eso no es democrático. Había que entender que millones de compatriotas que se han sentido excluidos querían votar por Petro y eso había que respetarlo. Yo nunca entré a la campaña de Petro por varias razones. Primero, porque yo soy liberal, social demócrata. Segundo: yo no vivo detrás de los puestos. Yo hago una política de ideas. Tampoco me metí en la contienda porque mi hermano estaba en la campaña de Fico Gutiérrez y yo no podía acompañar a Fico porque era el candidato de Duque, pero tampoco podía irme en contra porque no le iba a hacer eso a mi hermano. Al final, no iba a acomodarme allá como un ‘puestero’ buscando algún tipo de retribución. Me quedé quieto.