La Nación
Más allá del YO 1 27 octubre, 2021
COLUMNISTAS

Más allá del YO

Como abogado, es muy común encontrarse con casos que cuestionan, contrarían y desafían las creencias y posturas personales, religiosas y políticas que uno ha construido y le han sido inculcadas a lo largo de la vida. Sin embargo, no podemos olvidar que un adecuado y recto ejercicio del Derecho exige dejar estas posturas de lado, con el fin de darle prevalencia y protagonismo a lo dispuesto por la ley y el ordenamiento jurídico. Para aterrizar lo que estoy diciendo, me remitiré al caso de la eutanasia, el cual ha recibido una especial atención durante los últimos días, con ocasión de los casos de Martha Sepúlveda y de Víctor Escobar.

A pesar de que la eutanasia no es algo nuevo y a pesar de existe jurisprudencia al respecto, llama la atención la forma en la que las entidades y autoridades de salud le hacen el quite a la materialización de la eutanasia, exponiendo a las personas a verdaderos calvarios burocráticos y judiciales, para que luego de meses de lucha innecesaria y de dolor, puedan finalmente descansar. Es en este punto donde debemos preguntarnos: ¿Dónde queda nuestra humanidad y empatía con el que sufre? ¿Por qué le estamos dando prevalencia a elementos diferentes a los legales y jurisprudenciales a la hora de decidir sobre la eutanasia?

Dicho de otra manera, tenemos que tener la capacidad como individuos y como sociedad, de poder ir mucho más allá de nosotros mismos para poder ayudar a quienes de una manera libre, consciente, voluntaria y encontrándose dentro del marco legal, claman por ayuda. De igual manera, considero que no podemos perder de vista los siguientes aspectos: (i). El derecho a vivir implica una vida en condiciones que sean dignas para las personas y su núcleo familiar. Vale la pena aclarar que cada persona tiene un concepto y una percepción diferente de dignidad, haciendo que la eutanasia no sea siempre la primera opción; y (ii). La dignidad también abarca la forma de morir. Es decir, que siempre será mejor que una persona reciba apoyo técnico y científico para morir, que forzarla o exponerla a un suicidio.

Para quienes se escandalizan con la eutanasia, quiero recordarles que nos encontramos en un país en el que las personas mueren en las puertas de los hospitales, en el que los niños son considerados “máquinas de guerra” y objetivos militares y en el que matan por pensar y opinar diferente.