La Nación
Niño rey, hijo tirano 1 5 marzo, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Niño rey, hijo tirano

Por: Froilán Casas Ortiz

¡Cómo se ha deformado la educación familiar! Es verdad de Perogrullo que el hogar marca la conducta de un ser humano. La sabiduría popular reza: de tales padres, tales hijos. La marca de la familia es indeleble. Es verdad, la escuela ayuda o, por el contrario, deforma, pero el sello de la familia es imborrable e imbatible. Un Estado puede pretender penetrar en el fuero interno y sacrosanto de las familias: así lo hacen los Estados totalitarios de extrema derecha o de extrema izquierda. Esta ha sido una pretensión de los regímenes tiránicos y déspotas, a lo largo de la historia. La educación familiar es irrenunciable e insustituible. La conducta es la huella visible de la vida hogareña.

Por favor, los niños no se parecen al vecino, ustedes padres de familia son los directos responsables de la conducta de sus hijos. Recuerde que las palabras no son creíbles cuando no están respaldadas por el ejemplo. El ejemplo arrastra, las palabras se diluyen y resultan inocuas. Bajo el colectivo cultural, a saber, LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONA, que se ha convertido en axioma social, se ha permitido un crecimiento físico y síquico, al margen d los principios morales. Aparece la ley de la jungla, cada uno actúe como quiera. El sofisma de distracción del llamado respeto, hace perder las reglas de convivencia. Por favor, si usted quiere actuar como le venga en gana, váyase a vivir en una cueva en el centro de la selva y viva sin Dios ni ley.

Para vivir en comunidad se exigen un mínimo de reglas de convivencia, de respeto, de conducta ciudadana. La anarquía es propia de la época de bárbaras naciones. Cuando se impone la ley del más fuerte, se acaba toda convivencia social, es volver al crudo salvaje Oeste narrado en las películas de vaqueros.

Por favor, enséñele a su hijo a carecer. Es necesario que el niño aprenda que todo se logra con sacrificio y disciplina; que no existen privilegios, las cosas se ganan; que para conquistar y saborear el éxito, es necesario aplicar unas reglas y vivirlas; que no existe ninguna clase social, somos la raza humana en la que todos  tenemos igual dignidad y todos merecemos respeto. No hay ciudadanos de segunda; usted se vuelve de segunda cuando no respeta a sus congéneres.

Usted se vuelve antisocial cuando no respeta el derecho ajeno. Viva y enseñe las normas de urbanidad, exija unas reglas de convivencia y aplíquelas con el ejemplo. Sea estricto en la formación, no le tiemble la mano para exigir coherencia de vida. No le enseñe a su hijo qué puede  comprar con el dinero, enséñele más bien, qué no puede comprar con el dinero. Recuerde que usted es más padre que amigo. Exija las distancias de respeto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno. Por favor, no sea igualado.