La Nación
Nuevas oportunidades 1 25 junio, 2022
COLUMNISTAS

Nuevas oportunidades

Froilán Casas Ortiz

Ad portas de concluir un año y de abrir el paso a uno nuevo, es un momento interesante para seguir construyendo la historia. El proyecto de vida que nos hemos trazado ha tenido altibajos, aciertos, desaciertos, en fin, ha corrido mucha agua debajo del puente. Pero, ¡ojo! No hay que llorar por la leche derramada. No olvides que frente a cada problema, lo primero que debes pensar es en la solución. No se te olvide que tú eres el constructor de tu futuro. No existe el destino, esto es cuento de hadas, sé tú mismo. Tú no estás predestinado a un mañana fatídico, el mañana es fruto del hoy. ¿Qué cosecharás mañana? Lo que estás sembrando hoy. Si siembras vientos, ¿qué cosechas? Tempestades. No seas iluso, no te dejes llevar por la imaginaria bola de cristal, sé realista, asume tu vida con entereza de carácter, con reciedumbre de espíritu. No te sientas héroe, tampoco te sientas villano, tú eres una criatura del universo creada por Dios para ser feliz. Siéntete una persona normal, llamada a responder los retos de la vida. Sé inteligente, sé más racional que emotivo. No seas visceral, como dice la sabiduría popular: “el corazón es traicionero”. Ponle corazón a la razón,  actúa con el análisis de la razón. No te dejes llevar por los primeros impulsos. Recuerda que un error te puede llevar a una vida desgraciada. ¿Para qué “disfrutas” unos días, para después, estar sufriendo toda la vida? Ten autoestima, no te infravalores. No mendigues el amor, Dios no te ha hecho basura: el amor se ofrece, no se mendiga; toma tus propias decisiones y respeta las de los otros. Tu pareja no eres tú, respeta la diferencia y asúmela, ella es riqueza para tu desarrollo personal. No te sientas el más desgraciado del mundo, otros han tenido problemas más graves que tú y los han sabido afrontar. Aprende de los demás, pero recuerda que tu historia es única. No les eches la culpa de tus errores a los demás, asúmelos, sé responsable. Sobre todo, aprende de tus errores, ellos deben ser el acicate para construir un mundo nuevo. Sé una persona orante, la oración es el bálsamo en la dura fatiga de la vida. No llegues a una oración alienante, la oración no es un sustituto, no es una excusa para huir de tus compromisos, es el lubricante que tonifica y te da fuerzas para seguir adelante en tus propósitos y proyectos. Aplica un poco la frase de la sabiduría popular: a Dios rogando y con el mazo dando. No le eches la culpa a Dios de tus infortunios, mira y examina y verás que tú mismo los has construido por acción o por omisión. ¡Cuánta gente abusa de la comida y de la bebida! Y ¿después? A sufrir  largas enfermedades. Hay gente terca que lo único que sabe es llevar la contraria. No vale la pena “convencer” a un terco; es mejor dejarlo que la misma vida le dé la lección correspondiente. Aprovecha las oportunidades que te ofrece a la vida, a través de tu familia, tus amigos. Súbete al tren, ¡cuidado!  Él no vuelve a pasar.