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Otra lectura del coronavirus

Otra lectura del coronavirus 1 30 marzo, 2020

Por: Monseñor Froilán Casas Ortiz

No se trata de hacer una lectura fundamentalista e integrista de este terrible virus que afecta la salud humana y que ha sido catalogado por la OMS, Organización Mundial de la Salud, como pandemia y lo que esto significa. Permítanme hacer una lectura, no es la lectura, de este atroz fenómeno que está haciendo temblar al mundo. No se trata de mirar el contagio como un castigo de Dios, ¡ni más faltaba! Pero permítanme ofrecer algunas reflexiones. Es la lectura de un creyente cristiano. El eterno pecado del hombre, suplantar a Dios; la soberbia es el origen de todos los pecados. Es la pintura que quiere suplantar al pintor; la Gioconda antes de ser plasmada en el lienzo, ¿qué era? Una simple tela.

Pues bien, ahora por ser visitada y admirada por millares de personas, todos los días en el museo de Louvre, ¿entonces, que pretenda suplantar a Leonardo Da Vinci? ¡No, por Dios! Hombre, eres criatura no Dios; eres la criatura más excelsa de la creación, pero, por favor, no te creas Dios. La historieta bíblica de la Torre de Babel y su posterior confusión, es una muestra de la soberbia humana. En la mitología griega, es Prometeo que  roba el fuego a los dioses y lo trae a los hombres; Zeus lo encadena como resultado de su pretensión.

Después de “matar a Dios” en línea nietzscheana, pasando por los otros dos “maestros de la sospecha”, Freud y Marx, ¿qué nos queda? Prescindir de Dios, éste es el fenómeno del hombre secularizado de los siglos XX y XXI. Hoy, Dios estorba en la ciudad de los hombres. Hay que sacarlo hasta de la Constitución; ahora la Constitución es el absoluto: se jura en nombre de la Constitución. ¡Fuera todo símbolo religioso del sector público!, -hay que respetar a  los no creyentes, y, ¿por qué los no creyentes no nos respetan a nosotros?-. Se ha vuelto axioma cultural: La religión es asunto privado y, se les llena la boca de agua. Otro aspecto, excúsenme preguntarme: ¿por qué a los niños que son tan frágiles no les afecta el virus y por el contrario son trasmisores? ¿Qué decir ante tantos niños en proceso de gestación  que son seres humanos y en este momento son masacrados como víctimas absolutamente inocentes por los adultos? El colmo: el aborto es un derecho.

¡Qué horror! Me pregunto: para combatir las malformaciones, ¿hay que eliminar a los  malformados? En ese orden, acabemos con los ciegos, los cojos, los mancos. ¡Qué eugenesia!, ¿a dónde llegaremos? La tarea de la medicina, de la investigación médica, es combatir la enfermedad no matar al enfermo. Cuántas parejas están sin hijos, ¿por qué no entrar en la hermosa obra de la adopción? Pero claro, como ahora se adoptan las mascotas, ya no se compran y hasta se les ha personalizado hasta ponerles nombres de humanos. ¡Qué tristeza! Todo el mundo lo acepta como colectivo cultural. Y, ¡ay del que piense lo contrario!

 

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