La crisis diplomática entre Estados Unidos y Colombia ha generado la posibilidad de pensar las relaciones internacionales en un presente en el que el poder económico, político y cultural no está concentrado en unas pocas naciones como en el siglo XX. Si bien la economía norteamericana es mucho mayor que la colombiana, se han desarrollado relaciones comerciales importantes para ambos. Esta circunstancia le puede permitir a los países latinoamericanos exigir más horizontalidad en las relaciones con el país del norte. No hay que olvidar que Estados Unidos siempre ha intentado, la mayoría de las veces con éxito, imponer sus políticas ventajosas a los gobiernos de la región.
Estados Unidos importa de Colombia 6 mil millones de dólares de crudo, 1.8 mil millones en café y 1.6 mil millones en flores. Colombia importa del país del norte el 96.7% del maíz que alimenta al ganado; en 2023 esto significó 1.14 mil millones, por lo cual un grupo de congresistas norteamericanos se mostraron preocupados por este renglón de la economía. Si bien las economías son asimétricas, los efectos negativos de una crisis diplomática a mayor escala se sentirían en ambas naciones. Respecto al hecho que originó el conflicto por redes sociales entre Trump y Petro, se resalta la exigencia que hizo el mandatario colombiano de dignidad para las personas migrantes, ya que no son delincuentes y, por esto, no deberían venir esposadas. No obstante, romper relaciones con otro Estado no es tan sencillo como decir: si este no quiere busco otras alianzas. Ambos lo sabían y por eso los equipos diplomáticos actuaron para resolver el problema. Lo que sobresale en el panorama mediático son las actitudes de los mandatarios, se hace marketing y cada sector político aprovecha: unos muestran a Gustavo Petro como el héroe que necesitan los oprimidos y a Trump como el héroe que necesitan los opresores. La realidad es que el fascismo se está revitalizando, la ciudadanía apoya a líderes con esas intenciones y la pregunta es qué hacer frente a esta realidad.
Más allá de lo que sobresale en lo mediático, los presidentes deben rendir cuentas por cada acto que realizan en sus administraciones. Trump avanza en sus reformas autoritarias y fascistas. Ya comienza a declarar guerras comerciales y busca imponerse para reprimir como lo prometió en campaña. Para resistir debe prevalecer la solidaridad entre los pueblos y la búsqueda incesante de la paz. Los retos del presente rebasan los pequeños intereses de un Estado y requieren de una ciudadanía dispuesta a asumir su papel político en el mundo.