La Nación
Presidente Duque, cambie ya su equipo 1 22 junio, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Presidente Duque, cambie ya su equipo

Por: Cecilia López Montaño

 

En esta sociedad donde una minoría le atribuye a las mafias y a Maduro la dimensión de los paros, sí hay un acuerdo generalizado sobre el crítico momento que vive el país. En El Tiempo, no precisamente un periódico de oposición, columnistas como Carlos Caballero reconocen esta realidad y la califica como “una explosión sin precedente” y Lucy Nieto de Samper anota que el país está “al borde del abismo.”  Así el presidente Duque no lo admita y menos la gente que lo rodea, la gobernabilidad está en su punto más bajo y se enfrenta a una crisis política, económica y social de una dimensión que este país no había vivido en décadas. Ahora se agrega a esta realidad lo vivido en Cali que dejó ver la catástrofe en que puede convertirse esta situación: los colombianos matándonos entre sí ante un Estado débil e impotente. La conclusión obvia es que la salida ni es más de lo mismo, señor presidente y mucho menos es seguir con los mismos.

Empecemos por lo más grave y que tiene que parar ya, la muerte violenta de los jóvenes que marchan. Aunque uno de los graves problemas son los datos reales de víctimas, en diez días de manifestaciones ininterrumpidas por lo menos 27 jóvenes han perdido la vida y están asociados estos hechos a violencia de la fuerza pública. Se agrega, además, desapariciones, se habla de 1000 personas; muchachos y muchachas gravemente heridos, golpeados, maltratados por agentes de la policía. Claro que también han sufrido policías y eso es igualmente censurable, pero en número nada comparable con lo que han vivido los manifestantes. Este solo hecho tiene a la comunidad internacional pidiendo la intervención de entidades mundiales de derechos humanos para frenar esta violencia estatal en Colombia. Lo grave es que a pesar de varios días de conversaciones nada cambia, sino que por el contrario aparecen sicarios y camionetas blancas de alta gama que en Cali disparan y hieren de nuevo a jóvenes e indígenas.

Si a esta terrible situación se agregan las consecuencias de los actos condenables de los vándalos y de mafias que aprovechan esta situación para destruir, asaltar y robar, además de los frenos a la movilidad en carreteras que llevan varios días, es evidente que al gobierno hasta este momento lo derrotó el paro. Y esto es supremamente grave. Usted y su equipo no han podido, así de sencillo. Por consiguiente, en este país donde no se tumban presidentes, lo mínimo que usted tiene que hacer es cambiar ese gabinete y ese equipo que lo rodea en Palacio, al que evidentemente le pudo la situación. Ni su ministro de gobierno, ni su ministro del interior, ni la de transporte, ni la de educación ni los otros, dieron la talla. Y a estos se agregan esos negociadores incluyendo a Ceballos porque ya mucha gente pide su retiro por su mal manejo de temas como la paz. Ese equipo nunca ha entendido al país, a su gente y no le dio esa información que usted tampoco conoce; no le aportó la experiencia de la que usted carece. Se han comportado simplemente como sus áulicos.

Perdió otra oportunidad cuando nombró a Minhacienda y a MinComercio. Independientemente de las cualidades del ministro Restrepo era el momento de abrir esa compuerta para hacer lo que todos los presidentes hacen cuando enfrentan semejante crisis; incluir miembros de otras fuerzas políticas, personajes con mucho peso para ganar la gobernabilidad perdida. Pero no, usted que parece temerle a salir del círculo de sus subalternos y de sus amigos, acudió al reciclaje. Pero si en estos momentos sigue con esas personas que o no entienden lo que está pasando como Molano y Ceballos o repiten como loros el libreto uribista, su incapacidad de encontrar soluciones será total. No es una exageración y muchos lo están diciendo, lo que está en juego es la estabilidad de todo el gobierno incluyendo la suya. Me perdona, pero así están las cosas.

PD: ¿sale la nefasta Canciller? Ojalá, pero deben seguir cayendo todos aquellos que no tienen ninguna credibilidad ante un país incendiado por la desesperanza y la frustración, entre otras, por la inoperancia del gobierno.