La Nación
¿Prevención o atención de desastres? 1 2 diciembre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

¿Prevención o atención de desastres?

En medio de la calamidad pública de más de medio país impactado por el invierno a nadie pareció sorprender que el gobierno anunciará “tres nuevas medidas” para atenderla, después de que, según de la Unidad Nacional de Gestión Nacional de Riesgo y Desastres, ha dejado más de 770 municipios afectados, con miles de damnificados, viviendas dañadas, inundaciones, cosechas arrasadas, animales ahogados y carreteras destruidas, entre otras consecuencias.

En cifras, el escenario es terrible, literalmente, un desastre natural: entre el 1 de enero y 31 de octubre de este año hubo 266 muertos y 650 mil colombianos damnificados, de 196 mil familias que hoy no tienen dónde o cómo vivir. Se cuentan afectaciones en 227 puentes vehiculares, 110 peatonales, 295 acueductos, 20 centros de salud, 1.112 sedes educativas, 330 mil niños sin clase y 21.826 hectáreas de cultivos afectadas. Ojo, el panorama es más desalentador porque no se cuentas cifras de noviembre, cuando la ola invernal arreció en muchas zonas.

Aunque la grave emergencia es atribuida al fenómeno climático de La Niña, que explicaría la dramática situación, como es excusa cada que acontece, no nos satisface. La mencionada Oficina había advertido que esta temporada de agua sería la de mayor impacto desde el año 2014, cuando afectó a casi 300 mil familias que quedaron desprotegidas y con hambre.

Claro, aunque lo sucedido no es culpa de esta administración ni de las anteriores, que también debieron soportar catástrofes similares, nos preocupa. ¿No sería mejor tener una gran oficina de prevención que de atención de calamidades? Veamos. Dentro de las medidas tomadas recién por el gobierno están instalar una sala de crisis; un Puesto de Mando Unificado para hacer seguimiento a la crisis; y la convocatoria de la junta del Fondo de Atención de Riesgo para “aprobar asignaciones presupuestales”.

Todo eso está bien porque se trata de atender una emergencia, una situación fuera de control que requiere atención inmediata. ¿Pero, no habría sido posible bajarle el volumen con una adecuada preparación y planificación, cuando, como ya se dijo arriba, estábamos advertidos? Y es que, si bien las amenazas por fenómenos de la naturaleza son inevitables, los costos pueden mitigarse con un mejor conocimiento del riesgo y de las debilidades que se tienen; adecuado abordaje de las vulnerabilidades; preparación de las autoridades y la población. Por eso, planifiquemos, estemos listos para menguar el peligro con los planes de desarrollo municipal; planificación urbana y rural (no construir ni habitar zonas de riesgo); procesos de coordinación intersectorial; y coherencia interinstitucional entre las autoridades responsables en la materia. ¿Expropiar predios para las víctimas? Es una propuesta para analizar y tomar decisiones responsables.

Con mucha esperanza y fe, creo que con acciones como las mencionadas, la asignación justa y bien utilizada de recursos humanos, técnicos, financieros, más voluntad política, se logrará el objetivo: evitar que cada año, con la temporada de lluvias o simples aguaceros, tengamos nuevos infortunios, llenos de muerte, dolor y pobreza, especialmente, en los más vulnerables.