La Nación
Reactivación inmediata con condiciones y sin excepciones 1 26 septiembre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Reactivación inmediata con condiciones y sin excepciones

La crisis por el coronavirus no permite que este año el gremio transportador celebre con su habitual caravana el Día de la Virgen del Carmen, su patrona. Frente a este panorama, Armando Cuéllar, gerente de Coomotor, hace para LA NACIÓN una radiografía de cómo se encuentra actualmente el sector.

  

Armando Cuéllar

Gerente de Coomotor

Nunca, en mis años de vida, ni en los 21 que he ejercido como gerente de Coomotor, he presenciado un panorama tan desalentador e incierto, ni siquiera en 1999 cuando asumí el desafío de la cooperativa en crisis. Mi ser es invadido por la tristeza al ver las carreteras de la geografía nacional desiertas, solitarias, recordadas sólo por el transporte informal y los pocos vehículos exceptuados con permiso, que junto con el sol, son los únicos afortunados en tocar el asfalto que conecta pueblos.

Jamás imaginé que el paisaje verde de las montañas y terracota del desierto, no volvería a adornarse con los colores de las compañías transportadoras, en especial con el color azul de Coomotor que durante 59 años ha transportado sueños, reunido familias y acompañado aventuras incansable y comprometidamente.  De haber sabido que los días anteriores al 24 de marzo serían los últimos en que podríamos recorrer las carreteras con libertad y sin dificultades, le habría pedido a los más de 80.000 conductores que llevan más de 117 días sin tocar el volante, que disfrutarán el camino como si fuera la primera vez -pues podría ser la última-, que disfrutaran de lucir su uniforme y llenarse de aire limpio los pulmones, porque después de esa semana nos esperaría sólo el encierro, la incertidumbre, la austeridad y la ansiedad colectiva.

Desde marzo estamos confinados, en el mes de abril no movimos ningún pasajero y con grandes dificultades hasta el 5 de mayo empezamos a transportar personas exceptuadas y realizar viajes humanitarios. Entre tanto la preocupación por los conductores, auxiliares operativos, transportadores, asociados y todas las 4600 familias que dependen directa e indirectamente de nuestra operación, no me deja dormir en las noches. Me duele suspender un contrato de trabajo, porque no sé las dificultades de la realidad que vive esa persona, no sé la magnitud del drama que enfrenta, pues es claro que no todos vivimos la cuarentena igual.

Es desalentador sentir que ningún esfuerzo es suficiente, pues aunque fuimos con gran ilusión el primer sector en tener protocolos de bioseguridad aprobados por Ministerio de Salud, a través de la resolución 677 del 24 de abril, seguimos olvidados y abandonados, generando en el sector pérdidas diarias de $7.000 millones diarios que afectan la economía colombiana y destruye empleos.

En la gran movilización social vehicular, el 27 de mayo, 536 empresas de transporte intermunicipal de pasajeros, llenamos de rojo el asfalto citadino por los trapos colgados en nuestros buses, denunciando la desesperación y el hambre de más de un millón de familias que dependen de este servicio; recordando al Gobierno Nacional que nosotros no transportamos ningún virus y que los Alcaldes que antes nos cerraban las fronteras, hoy nos piden que ingresemos a sus municipios.

Hemos insistido con el movimiento nacional en que los requisitos no sean una Odisea, que sea con horas de antelación que podamos pasar la lista de pasajeros y no con 72 horas de anticipación como nos pedían anteriormente, porque eso dificulta nuestra operación y son ‘trabas’ para el viajero. Además enfatizamos que los créditos a las empresas no han sido suficientes, no alcanzan para todos, nos abruma la imposibilidad de sostener nuestras nóminas. El periodo de gracia que nos dieron los bancos se vence en julio y aún no nos hemos movido, no queremos ver los vehículos que con tanto esfuerzo compraron los asociados, terminar recogidos por los bancos, eso es desgarrar el tejido social, un drama que nos afecta a todos, porque no somos un emporio, somos un cooperativa que vive de su operación diaria.

El último anuncio de la extensión de la cuarentena fue un balde de agua fría, pues el país no aguanta más encierro. Tan sólo Bogotá en periodo normal hace 3.000 despachos diarios para todo el país, en mayo despachamos por todas las empresas sólo 90 vehículos diarios. Desaparecieron del paisaje los buses, de continuar así, esto será un panorama apocalíptico.  Entre tanto la ilegalidad e informalidad pasea con libertad, cobrando las tarifas que gustan y sin ningún protocolo de bioseguridad, saliendo de capitales a pueblos y viceversa.

Más de 150.000 empleos directos y 600.000 indirectos, que genera el transporte intermunicipal, están a punto de perderse. Nosotros que operamos legalmente y siguiendo todos los protocolos bioseguros, que sí hacemos aporte a la seguridad social integral, generamos desarrollo socioeconómico, impacto responsable, pagamos impuestos, tenemos nuestros 50.000 vehículos llenándose de polvo, sin hacer lo que más amamos: transportar a los colombianos.

 

“De haber sabido que los días anteriores al 24 de marzo serían los últimos en que podríamos recorrer las carreteras con libertad y sin dificultades, le habría pedido a los más de 80.000 conductores que llevan más de 117 días sin tocar el volante, que disfrutarán el camino como si fuera la primera vez”