La Nación
Repensemos las cárceles 1 11 agosto, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Repensemos las cárceles

Sergio Felipe Salamanca

 

Lo acontecido esta semana en la cárcel de Tuluá además de triste, debe de llevarnos a una urgente reflexión sobre la verdadera función que están cumpliendo los centros penitenciarios en Colombia. Sé que puede sonar algo obvio y que muchos ven en la cárcel, un resultado necesario de la comisión de un delito. Sin embargo, la reflexión a la que invito tiene su origen en los siguientes puntos: (i). A pesar de que existe sobrepoblación en las cárceles, los índices de criminalidad no han sufrido variaciones significativas; (ii). De acuerdo con nuestra legislación, la pena tiene una función de reinserción social, no obstante, las condiciones actuales en las que se encuentra la gran mayoría de la población carcelaria están lejos de resocializar; y (iii). El grueso de la población carcelaria se encuentra en edad y en condiciones de desarrollar una amplia gama de labores.

De acuerdo con estadísticas del INPEC, existe una sobrepoblación de 16.391 personas, lo que se traduce en un índice de hacinamiento de 20,19%. Aunado a lo anterior, resulta muy oportuno llamar la atención sobre el hecho de que aproximadamente 58.000 personas privadas de la libertad cuentan con educación básica media, 31.000 cuentan con básica primaria, 4.000 son clasificados por el INPEC como “iletrados”, mientras que solo 3.000 cuentan educación superior. No es necesario ser un experto para identificar que la desigualdad en oportunidades académicas tiene una profunda incidencia en la comisión de delitos.

En materia de edad, más de la mitad de la población carcelaria es mayor de 18 y menor de 40 años, ubicando a las personas en un rango etario óptimo para el aprendizaje y formación de oficios, así como para el desarrollo de un amplio abanico de laborales, artes y oficios.

Visto en conjunto, existen elementos suficientes para apostarle a una transformación de las cárceles, en verdaderos centros de resocialización, con la capacidad de ser autosuficientes en la mayoría de los casos. Puede sonar algo fantasioso, pero solo imaginen las cosas que se podrían logran si 97.566 empezaran a ser empleadas de alguna manera, en la construcción de infraestructura, ensamblaje o fabricación. Pero eso no es todo, imaginen que esas personas puedan concluir su condena con experiencia laboral que les facilitaría emprender o conseguir trabajo, alejados del crimen.