La Nación
Señales 1 24 febrero, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Señales

Por: Fermín Beltrán Barragán

Japón, el país de la tecnología, de la V Revolución Industrial y de los trenes voladores ha recibido un mensaje: su emblemático Monte Fuji se queda sin nieve y en pleno invierno, algunos científicos dicen que es por la actividad volcánica, otros que es por el efecto del cambio climático. Lo cierto es que es un fenómeno inusual que implica análisis de sus causas en un mundo en decrepitud e incremento de problemáticas.

En búsqueda de soluciones planetarias, Bill Gates financia la investigación para detener el calentamiento global, tapar el sol y enfriar el planeta. ¿Será esto posible? La iniciativa la adelanta la Universidad de Harvard, consiste en lanzar a la estratosfera polvo de carbonato de calcio para atenuar la luz del sol que llega a la tierra. Por supuesto que es un experimento sobre el cual no hay consenso de la comunidad científica y tampoco se tiene certeza si resultará, así como la propuesta de hacer una ciudad en marte de Elon Musk.

Estos sucesos son claras señales que la vida en la tierra está en peligro por múltiples amenazas y que la herramienta más poderosa para contrarrestarlas es el desarrollo científico y tecnológico, pero la ciencia y la tecnología tienen sus límites y para estos grandes problemas se requiere de mucho tiempo, tal como ocurre con las vacunas que se plantean como solución al virus y son a la vez complejidad e incertidumbre, estamos en el túnel y no tenemos clara la fecha y hora de salida.

Un problema de fondo es que no todos los humanos tenemos claro en qué y cómo podemos ayudar, la verdad es posible que no queramos tenerlo claro, postergamos el problema y no contribuimos a la solución. En un recorrido por la orilla del gran río de la Magdalena en Neiva observé comportamientos desesperanzadores, una persona llevaba un jean en la mano y de repente con furia lo lanzó a las aguas, otras abandonaron en la rivera botellas plásticas de gaseosa y otras más apenas miraban con indiferencia.

Imaginémonos el daño producido en esos solo cinco minutos de observación …realmente la naturaleza nos ha perdonado mucho, somos indolentes. Como en “La muerte de Ivan Ilich”, la novela de Tolstoi, pareciera que dijéramos que por fortuna los que mueren son los otros y sobre esas muertes edificaremos nuestro porvenir. No importa lo que le pase al Monte Fuji o al Nevado del Huila, no importa una botella más al río, hay cosas más importantes a las que debemos dedicarnos: acumular cosas, dinero, poder, ser importantes y que otros nos alaben. ¡Qué equivocación!

Al fin y al cabo, otros encontrarán la solución para el deterioro ambiental, la tecnología solucionará todo, si perdemos capacidad mental algo se hará, si los polos se derriten no es nuestra culpa, la tierra se autorregula y punto…quizás eso pensamos. Pero, si no leemos las señales que están por todos lados y decidimos ayudar a partir de ya y en una transformación cultural, la vida puede desaparecer como en el final de la novela de Gabriel García Márquez, en ese realismo mágico premonitorio: arrasada por nosotros mismos y sin una segunda oportunidad sobre la tierra.