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Señor, este tiempo de pandemia nos agobió

Señor, este tiempo de pandemia nos agobió 1 22 septiembre, 2020

En estos tiempos las relaciones humanas se han complicado y parece que la presencia de Dios se hace más opaca por la cantidad de cosas que llaman nuestra atención. Sin embargo, el Evangelio de este domingo nos presenta la humildad y la sencillez como el camino que agrada a Dios y el camino que nos hace felices.

 

Padre Elcías Trujillo Núñez

 

 «En aquel tiempo, exclamó Jesús:” Té doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor…Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.» (Mateo 11,25-30)

Vivimos en una sociedad tan tecnificada y compleja, donde lo que brilla y sobresale es lo espectacular, lo llamativo, lo mediático, que no es fácil tener la convicción de que lo realmente importante y duradero es precisamente lo que pasa desapercibido, lo que no busca notoriedad, esa cotidianidad tejida de tantos y tantos gestos de bondad, solidaridad y paz que nunca saldrán en los periódicos. Y es ahí donde la presencia de Dios se hace más cercana y visible, no porque en otros ámbitos Dios no quiera manifestarse, sino porque entre tanto ruido y orgullo de los logros humanos es más difícil escucharlo y acogerlo.

Pero así es Dios, humilde a pesar de su grandeza, cercano a pesar de su trascendencia, amigo a pesar de su poder.  Quizá nosotros quisiéramos un Dios más expresivo en sus manifestaciones de poderío y sabiduría, más convincente en sus argumentos, más impositivo en su grandeza. Pero al menos el Dios cristiano no ha elegido otro camino que el de Belén y el de la cruz para decirnos cómo es y cómo quiere que nos acerquemos a él: con humildad, con sencillo agradecimiento, con la confianza de que siempre seremos acogidos, perdonados, abrazados, regenerados, consolados, descansados en sus brazos de Padre Bueno, cuya imagen más perfecta es Jesucristo.  Ser cristiano hoy no es fácil.

El mensaje del Evangelio choca a menudo con muchos postulados y valores de nuestra sociedad. Seguir a Cristo es duro, es un “yugo” y una “carga” como nos dice Él mismo en la lectura de este domingo. Pero sabemos que no es imposible, contamos con su amor, su fuerza, su cercanía. Es un yugo “llevadero” y una carga “ligera”. No estamos solos. Cristo nos acompaña en esta travesía del desierto que es la vivencia de nuestra fe en esta sociedad que nos ha tocado vivir y que de alguna manera está sedienta de una sencillez, de una alegría, de un sentido a la vida que Cristo ofrece a los que quieren acercarse a Él.

No podemos olvidar que la verdadera gloria, los verdaderos héroes humanos no suben al pódium del orgullo, ni son festejados ni agasajados. Los verdaderos héroes, son las personas anónimas que entregan su vida a diario, que saben compartir, que sonríen en las adversidades, que luchan y construyen un mundo mejor en multitud de gestos diarios a favor de los más necesitados.

Ellos quizá nunca saldrán en la TV ni serán personajes luminosos en internet, pero a los ojos de Dios y de la historia son las verdaderas estrellas que nunca se apagarán en el firmamento de la humanidad.  Ojalá que, en este tiempo de pandemia, abramos el corazón y la mirada hacia nuestro entorno, para valorar y mirar con la profundidad de Dios, la profundidad del amor, que mira más allá de las apariencias y nos descubre la verdadera grandeza de las personas y las cosas.

Nota: Le invitamos a seguir las celebraciones eucarísticas cada domingo, a través de Facebook live  Citynet Timaná, por la emisora La Fiera FM radio y la Televisión local Ategaitana.

 

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