La Nación
Sistema de salud languidece ante pesada cruz de Amanda 1 20 septiembre, 2021
HUILA

Sistema de salud languidece ante pesada cruz de Amanda

Las cataratas están a punto de ‘nublar’ por completo los dos ojos de Amanda Guevara Murcia, una adulta de 58 años de edad que, además, padece obesidad extrema y es la persona más pesada del Huila. Ante la infructuosa lucha para lograr una atención digna en el sistema de salud, la depresión y ansiedad le carcomen su espíritu de mujer emprendedora. 

huila@lanacion.com.co

En diciembre del 2020 Neiva y Huila conocieron a través de LA NACIÓN sobre el preocupante estado de salud de Amanda Guevara Murcia, quien padece de obesidad mórbida. Ante el evidente abandono estatal en el que permanecía, la Personería Municipal se hizo cargo de la mujer. Aunque, ni por medio de este ente velador de los derechos humanos se ha logrado que la adulta tenga una vida más digna.

En medio de la esperanza y ansiedad, porque nunca antes se había logrado tanto en su tratamiento, el pasado 22 de julio Amanda viajó por tierra en una ambulancia desde Neiva hacia Bogotá, en un vehículo  especial y adaptado a su condición física, pero el resultado de más de 12 horas de viaje no fue el esperado.

El proceso inició en enero, cuando la Personería medió para lograr una cita médica por medicina general para que un profesional en salud evaluara el estado de la adulta, tanto su obesidad extrema con hipoventilación alveolar, como su otro agudo problema que son las cataratas.

La primera cita

En enero omitiendo la condición especial de la mujer, la EPS Comfamiliar le asignó la primera cita por medicina general de manera presencial, algo que es muy complejo dada su reducida movilidad y enorme peso. El traslado es altamente complejo, siempre se especuló con que Amanda pesaba 180 kilogramos, que ya causaba gran preocupación, no había tenido la oportunidad de asistir realmente a un control, por eso el dato preciso fue aún más asombroso.

Luego de trámites y de intervenir también la Superintendencia de salud con mesas de diálogo con la EPS, pudo acceder a una teleconsulta donde la remitieron con el oftalmólogo y el médico bariátrico. El primero, sin tantos peros, le aseguró que sí sé podía operar, y en consulta con el segundo supo que pesa realmente 250 kilogramos, a la vez el profesional en salud se mostró dispuesto a tratar el problema de obesidad, para que Amanda pueda llevar una vida más digna. La mujer se llenó nuevamente de esperanza.

“Yo mandaba a sacar una cita médica y siempre habían problemas, ahora confiando en Dios, me operarán de la vista, yo en menos de un año me puse con un sobrepeso muy terrible, entonces de pronto me hacen la bariátrica, confiando en que me vaya bien”, dijo la paciente antes de viajar a Bogotá.

Sin embargo, el problema siguiente surgió por la falta de infraestructura adecuada para realizar el procedimiento médico que más le urge, que son las cataratas maduras: la adulta está a aproximadamente cinco meses de quedar ciega. La cirugía solo pueden realizarla en un hospital de cuarta categoría, como el Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo, pero el centro médico no cuenta con la infraestructura necesaria para llevar a cabo el procedimiento de oftalmología. En consecuencia debió ser remitida a Bogotá.

De acuerdo con la trabajadora social de la Personería, Deyi Patricia Ramos Sotto, quien ha estado a cargo del caso, todo estaba previsto para que la cirugía para tratar las cataratas se hiciera en Neiva por medio de la IPS Oftalmoláser. Mientras que en la capital del país se iniciaría de cero el procedimiento con consulta para valoración.

“Si ella queda totalmente ciega no podrá ir sola al baño, asearse ni organizarse como lo hace ahora, tendrá que depender de su esposo en todo momento, y qué ser humano podrá correrla cuando ella no pueda, incluso pueden adquirir una hernia o fractura al intentar ayudarla, por eso el temor de ella es a no ver y así ya no poder moverse para que, al menos, circule su sangre. En estos momentos, como puede, se levanta y arrastra…”, expresó Ramos Sotto.

El traslado

Seis meses después de haber iniciado el proceso, el nueve de julio la EPS le notificó a la Personería y a los familiares de la paciente que la cita por valoración fue fijada para el 22 de julio a las 10:00 a.m. en Bogotá, en la calle 80, trasversal 100-A 80 A – 50, en el Hospital Simón Bolívar. Todo estaba preparado, les aseguraron.

Amanda presenta un cuadro clínico de depresión y ansiedad, a pesar del miedo y pensamientos negativos que la invadían, la mujer aceptó el enorme reto de viajar a la capital. De acuerdo con su hermano, Ferney, en la noche anterior al viaje, nadie durmió en la casa, la expectativa y nervios les ganó.

“Estuvimos estresados y con dolor de cabeza porque ella sufre de claustrofobia y al verse encerrada así, una persona de esas puede infartarse”, contó.

A la Personería le aseguraron que era la única ambulancia de su tipo en el país, especializada para el traslado de pacientes ‘kilos pesados’. Y que además venía otra ambulancia para que también viajaran los familiares. Pero solo llegó la primera en mención.

“El esposo de ella dijo que en esa ambulancia iban estrechos, él llegó con los pies adoloridos, fue muy incómodo en la parte de adelante. Y mi hermana iba atrás pero no, eso sonaba mucho y ella todo el tiempo estuvo muy asustada porque se sentía como en una lata de sardina. De ida se le averió la camilla, todo eso pasó…”, dijo Ferney.

Según la trabajadora social de la Personería, “en las fotos que me enviaron se veía a una ambulancia que para el peso y anchura de Amanda era pequeña, en la parte de atrás apenas y cabía ella. Solo vino el conductor y una auxiliar”, detalló.

En el camino la adulta se cohibió de comer y hacer cualquier tipo de necesidad fisiológica por el miedo a bajarse, complementó Ferney. “Ella entró en un momento de desespero”.

Una vez en Bogotá, hacia las 11:00 a.m. el conductor de la ambulancia le informó a la trabajadora social que había un inconveniente. Le explicó que la autorización de servicios estaba mal y la cita realmente era en otra dirección, una subred en Engativá. Para esa hora ya había perdido el turno en la consulta.

Aunque se logró hablar con varias personas, mediar y recuperar el turno, de todas maneras el largo e incómodo viaje fue casi que perdido. Amanda no logró entrar al consultorio porque la puerta era muy angosta, nunca se bajó de la camilla ante el eventual hecho de caerse, “la doctora me dijo –vía celular- que no podía valorarla como se debe, que a la paciente se la acababan de agendar. Y me comentó que no la podía pasar a operar porque tenía riesgo de muerte”, explicó la trabajadora social.

El hogar

La adulta regresó cansada y desanimada, diciendo que no quería seguir adelante y con pensamientos suicidas. Para la Personería prácticamente están en ceros.

A sus 58 años de edad, debido su avanzado problema de obesidad mórbida, la mujer ya no logra entrar por la puerta de la que durante años fue su habitación, así que duerme en la sala de la vivienda en una improvisada cama. Tiene el baño cerca, donde puede asearse y cuidar de sí misma, pero eso es más por cómo tiene grabado en su mente cada esquina que por lo que ve.

Es emprendedora, antes se dedicaba a vender productos de revista, tiene “buena parla” opinan quienes la conocen de años, haciendo referencia a sus grandes capacidades para las ventas. En la sala se aprecian cajas de las marcas que alguna vez comercializó.

Los familiares concuerdan que no siempre ha sido así de gorda y que todo comenzó cuando murieron sus padres, hace aproximadamente tres años, desde entonces cayó en una profunda depresión.

El esposo de Amanda, Jesús María Perdomo, es analfabeta y trabaja en el sector construcción. Ferney también labora como auxiliar, pero perdió su empleo hace algunos meses y es quien colabora actualmente con los trámites legales.

Amanda debe tener otra serie de exámenes en Bogotá, para que le realicen la cirugía en los ojos donde se tratarán las cataratas. Ya no cree en las instituciones. Y su esposo ha sido el más incondicional  cuidándola y brindándole lo necesario. Ella ha expresado abiertamente que después de Dios, está Jesús asistiéndola. Previamente de irse a trabajar el adulto mayor le ayuda a que se alimente y le deja preparadas las raciones. Antes de que su hermano estuviera más presente, pasaba gran parte del día sola.

Sistema de salud languidece ante pesada cruz de Amanda 7 20 septiembre, 2021
 Así viajó Amanda desde Neiva hacia Bogotá; ida y regreso.