La Nación
Solidaridad en tiempos de pandemia 1 10 julio, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

Solidaridad en tiempos de pandemia

Las dificultades se hacen más llevaderas si encontramos una mano amiga que nos ofrece un ‘empujoncito’. En este tiempo la solidaridad es el mejor gesto que podemos tener con los empresarios y emprendedores.

Carlos Alberto Liévano Silva

Odontólogo y coach de salud

Propietario y chef de los restaurantes Solas y Fogarata, parrilla y horno.

 

Las sorpresas de la vida nos retan a sacar la mejor versión de nosotros, que en nuestro caso es colaborativa. Hemos diseñado espacios para que todo aquel que requiera de instalaciones, apoyo y una oportunidad para recrearse, lo pueda hacer con nuestra ayuda. Requeríamos de domicilios y le permitimos a una familia pequeña, que ha ido creciendo, funcionar durante la cuarentena desde nuestras instalaciones, de esta forma optimizamos el servicio teniendo un gran aliado para la entrega de domicilios.

Planteamos que el recurso económico es escaso, para lo que es determinante encontrar mecanismos de cómo ofrecerle a las familias neivanas, comida sabrosa y a valores accequibles donde compren la cantidad que requieran, para lo cual, diseñamos platos que se venden por gramage. Es decir, si requiero solo 50 gramos de algo, hay disponibilidad. Esto logra que una persona pueda quedar muy bien nutrida con un gasto de $2.000 o $3.000.

Le abrimos las puertas a todo aquel que de manera honesta y sentida, adora y respeta la gastronomía, para que con nuestra ayuda pueda desarrollar sus proyectos o darle una oportunidad a un proyecto que estuviera operando que por causa de la pandemia, hubiera tenido que cerrar.

Tenemos la certeza que la única salida a los retos del futuro está en la asociatividad solidaria, donde como en el juego de la pirinola, todos ganemos.

Si del cielo nos caen limones, buscamos el árbol que los produce. No es solo que caigan y hacer limonada sino que el precio sea lo más justo y económico posible, teniendo la certeza que la forma de pagar no sea solo en efectivo. Con trabajo también se paga, igual que con oportunidades, con protección, techo, alimento, salud, capacitación y formación.

Esta última semana, me buscó el peluquero de toda mi familia, aquel que su padre fue el primero en motilarnos, muy triste por no tener cómo pagar el arrendamiento del local donde por más de 50 años han funcionado y sin importar este tiempo, no le han permitido realizar acuerdos para permanecer allí. A esta necesidad le ofrecí que se trasladara a mis instalaciones pues donde comen dos, comen tres.

 

Tenemos la certeza que la única salida a los retos del futuro está en la asociatividad solidaria.

 

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