La Nación
Somos oposición 1 30 junio, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Somos oposición

Mario Andrés Huertas Ramos

Según la clásica idea de la guerra revolucionaria, la firma del Acuerdo de La Habana sería un paso táctico de la guerrilla para la toma del poder. Ahora que Petro lo ha conseguido, con la aquiescencia del 50.44% del electorado, es decir con 11.281.013 de votos válidamente emitidos, podemos concluir que han conseguido el objetivo estratégico.

Sin embargo, y no menos importante, se debe tener en cuenta que hay otro 47.3% de sufragantes, y otros tantos abstencionistas, que no se ven representados por las ideas subversivas y radicales que buscan legitimar, en el sentido lato de la expresión, la combinación de todas las formas de lucha y la operación mascarada, de acuerdo a lo explicado por Jean François Revel en “La gran parade”.

Dicho esto, y por fortuna, contamos con la ley 1909/2018 que habrán de aplicar los diferentes sectores en el Congreso que se declaren abiertamente en oposición a la nueva administración. Serán estas fuerzas políticas la voz cantante de esos 10.580.412 de votantes (más abstencionistas) que demandarán de sus líderes un ejercicio valiente, eficaz, oportuno y sapiente para contener a los nuevos actores que han tomado las riendas del Ejecutivo.

No sobra decir que rápidamente Petro buscará, en virtud de toda la organización que lo respalda, conseguir mayorías en el Congreso; razón suficiente para que el Estatuto de Oposición sea tanto respetado y aplicado en su totalidad como ampliado a otros sectores que, en la lucha por preservar el orden republicano, haremos lo que institucional y moralmente esté a nuestro alcance para que no tengamos que contarles a futuras generaciones, probablemente más responsables que las actuales, cómo se termina una democracia.

En efecto, la oposición deberá organizarse rápidamente en varios frentes que permitan ejercer control político inmediato a cada uno de los movimientos que haga Petro. Y a falta de un líder visible, por ahora, que pueda y quiera asumir ese rol, ha llegado el momento de promover nuevos liderazgos que estén a la altura de las circunstancias y les sobre coraje democrático para enfrentar a una nueva casta política que tiene su origen en una de las páginas más aterradoras de nuestra reciente historia.

A pesar de lo peligroso que resultará estar en las filas de la oposición, dado el nivel de odio que Petro y sus consortes han desatado en la opinión pública, no es hora para que el miedo prime por encima de la defensa a la democracia ya que sin líderes que hagan una oposición racional, el camino para socavar la democracia estaría despejado.

Reitero, mientras se haga el empalme de las dos administraciones, la oposición tendrá la obligación de organizarse en sólido bloque con el fin de evitar que la vieja táctica de “divide y reinarás” le permita a Petro tomar ventaja durante los primeros cien días de gobierno.

En lo inmediato, y en lo que nos concierne, lo prudente y sensato será esperar de Petro que con las acciones de gobierno, más allá de sus discursos, logre disipar todos los temores (que no son pocos) y con ello fortalezca la institucionalidad democrática del país, salvaguarde la economía libre de mercado y proyecte una imagen más favorable de lo que ha exportado su propio pasado y sus más cercanos aliados.

A partir del 7 de agosto, Petro Urrego será el responsable de lo que suceda con la gestión de los grandes desafíos que tiene el país. Igualmente, en sus manos está la vida, honra y bienes de quienes nos opondremos democrática e institucionalmente a su administración, en los temas que así nos dicte nuestra conciencia política, y será él mismo el que responda por lo que sus huestes hagan en función de las pasiones que ha agitado en sus convulsos seguidores.