La Nación
COLUMNISTAS OPINIÓN

Tareas del Medioevo

Tareas del Medioevo 1 5 agosto, 2020

Luis Fernando Pacheco G.

La historia colonial de España en América implicaba el aprendizaje de un montón de términos que navegaban entre lo risible y lo estrambótico: oidores, corregidores, encomendadores -o encomenderos-, virreyes, eran apenas algunos de los múltiples cargos, designaciones y pergaminos que la corona otorgaba en la enmarañada burocracia creada para gobernar una colonia decenas de veces más grandes que la misma península ibérica y con un océano de distancia. Como mencionaba en la semana anterior, el imperio nos legó una obsesión por las normas, y de paso, por los cargos, títulos y una peregrina idea en la cabeza de quienes gobiernan en torno a solucionar cada problema de gobierno con una nueva entidad o un comité.

 De esta herencia colonial, entre otras se levanta el sistema notarial colombiano, repartido a puñados entre los amigos del gobierno hasta hace una década más o menos, cuando se reemplazó -por lo menos aparentemente- por concursos meritocráticos que terminan definiéndose en los estrados judiciales.

En pleno Siglo XXI, en la era digital y en medio de la pandemia más fuerte de los últimos cien años, las notarias son tan inútiles como costosas y estrafalarias, ríos de dinero corren en sitios para “dar fe pública” de documentos que no son leídos y que pasan de mano en mano de burócratas mal remunerados en un ir y venir de huellas electrónicas, sellos y firmas sin sentido, tal y como en la colonia.

En medio del confinamiento del COVID, pude comprobar por mí mismo la inutilidad del sistema: un tragicómico viacrucis de notaria en notaria por un trámite absolutamente artificial en medio de la maraña de requerimientos que las entidades públicas aún mantienen. Ciudadanos que no tenían la oportunidad de elegir entre el riesgo de una insolación a las puertas de las notarías o un asalto en medio de la delincuencia que se incrementa en la capital huilense, mientras hacían verdaderas maromas para guardar el distanciamiento social en medio de otros vecinos en el mismo trámite inútil. Adentro y tras el gel antibacterial, el termómetro y el alcohol en los zapatos, el mismo “vals inútil”: sellos, firmas, facturas, documentos que nadie lee pero que se cobran bien. Nada de ello podía hacerse a través de internet: era obligatorio exponerse al riesgo presencial (insisto, en pleno año 2020).

Es momento que alguien tenga la osadía de replantear un sistema que salvaguarde al ciudadano del fraude en medio de la era digital y envíe a los notarios al mismo lugar donde hoy reposan los corregidores, los oidores y los virreyes: el recuerdo de las tareas del medioevo.

@luisferpacheco