La Nación
Una mirada hacia la familia El complejo de Eróstrato 1 17 octubre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Una mirada hacia la familia El complejo de Eróstrato

Consuelo Serrato de Plazas

Predecir el comportamiento humano no resulta tarea fácil pues en su devenir convergen diversos factores y ello hace que represente gran desafío vaticinar la actitud que se ha de asumir frente a determinada acción. Alejandro Magno, rey de Macedonia, exhorta frente a la responsabilidad que nos asiste desde el marco de nuestras acciones: «Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos».

En el quehacer diario es común encontrar personas que se pasan la vida en busca notoriedad. De hecho, al impulso por alcanzar la fama se le suele denominar síndrome de Eróstrato, también conocido como complejo de Eróstrato,  trastorno que padecen algunas personas con tendencia a sobresalir sin importar el medio que tengan que utilizar para lograrlo con tal de hacerse notar.

Precisamente de allí se acuñó el término «erostratismo» atribuido al griego Eróstrato quien enceguecido por alcanzar notoriedad y pasar a la historia resolvió poner fuego al templo de Artemisa en Éfeso, verdadera leyenda considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Uno de los escenarios más habituales  donde se suele presentar este fenómeno es en el mundo cibernético y más concretamente con los buscadores de «likes» en las redes sociales, donde a través de la permanente exposición pública se logran seguidores nuevos y ello hace que se adquiera más y más popularidad.

Claro ejemplo de ello lo constituye la joven  Daneidy Barrera Rojas, más conocida como «Epa Colombia» influencer con gran capacidad no solo para movilizar adeptos sino para generar reacciones, pues tal y como ella misma lo expresara ante un medio de comunicación: «Me encanta llamar mucho la atención». «Me gusta ser tendencia». «Que hablen bien, que hablen mal, pero que hablen».

Hasta ahí todo estaría bien si no fuera por los actos vandálicos que  protagonizó hace tan solo unos días contra una estación de Transmilenio en desarrollo de la jornada de paro nacional, hechos que fueron de conocimiento público con ocasión de un video que ella misma publicó en sus redes sociales -dada su apetencia a convertirse en noticia-, lo que llevó a imputarle cargos por varios delitos y a imponerle entre otras y desde mi punto de vista la más severa de las sanciones como fue la de tener que suspender el uso de las redes sociales, pues para estas personas el anonimato es lo más grave que les puede llegar a ocurrir y en el caso específico sería equivalente a la cárcel del silencio.

Y ya para terminar los dejo entonces con la siguiente frase: «La atención no se ruega. Cuando no eres prioridad, no lo eres y punto» tal y como alguien lo expresara.