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Uribe, su poder y su desgracia

Uribe, su poder y su desgracia 1 1 octubre, 2020

 

Piero Emmanuel Silva Arce

La medida cautelar tomada por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el congresista Álvaro Uribe ha causado revuelo en el país; sus más asiduos seguidores han manifestado su desacuerdo con la decisión del alto tribunal, los mensajes de ira se han sentido; a una parte de los colombianos se le metieron con el papá violento que representa Uribe, ese que, aunque tira zurriago y regaños para todas partes, es amado y admirado. Por otra parte, muchos esperan que la CSJ actúe en derecho para que juzgue a este hijo de Antioquia como cualquier otro ciudadano, sin privilegios ni concesiones.

Uribe llegó al poder gracias a los malos gobiernos que lo antecedieron, Samper y Pastrana, y una sociedad sumida en la desesperanza de la violencia le abrieron el camino a un político que era cercano al pueblo, iba juiciosamente a misa, prometía mano dura con las guerrillas y hablaba en un lenguaje entendible para todas las capas de la sociedad. La impotencia de los partidos tradicionales para afrontar de manera decidida los problemas históricos llevaron a que la ciudadanía creyera en una opción con la que se identificó rápidamente. La verraquera, la violencia, la astucia, la actitud capataz, lo patriarcal, el ascenso social a toda costa, la captura del poder a través de cualquier medio, incluso aliándose al narcotráfico, son algunos de los valores con los que una buena parte de la ciudadanía se ha identificado con uno de los políticos más populares de los últimos tiempos. De la misma manera, un buen número de colombianos idealizó la figura de Pablo Escobar, encontraban en este último un referente porque tenía el poder para hacer lo que se le diera la gana, además de matar y controlar el crimen, era un buen católico, bondadoso con los pobres, y lo más importante, era un buen padre, ponía a su familia por encima de todo. Muchos ciudadanos vieron en Uribe y Escobar eso que querían ser, pero nunca pudieron, gracias a esto los idolatran y no le dan mucha importancia a los crímenes que cometieron las estructuras que lideraban: uno el Estado y otro la mafia.

La desesperanza producida por las malas administraciones de los Estados lleva al poder a fuerzas políticas capaces de capitalizar esas indignaciones; los fascismos europeos tuvieron mucho de esto: miseria producida por la Primera Guerra Mundial, crisis económica y un liberalismo y un socialismo agotado. En Colombia pasó algo parecido con el fenómeno Uribe. El saldo para el país: violencia, exclusión, privatización de derechos, miedo a la democracia, corrupción. Por las víctimas, esperemos que haya verdad, justicia y reparación.

Investigador del grupo Estudios Políticos.

 

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