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¿Venganza genocida?

¿Venganza genocida? 1 12 agosto, 2020

José Joaquín Cuervo Polanía

Tal vez no fue un lenguaje de lo políticamente correcto, tal vez no se refería al significado del término en su connotación penalista, tal vez ni siquiera corresponda a lo que significa el genocidio en el derecho internacional Humanitario. Sin embargo, es un lamento desesperado, un S.O.S, una llamada de auxilio a un gobierno indiferente, a un gobierno y a unos dignatarios que nunca podrán ser llamados hijos de Dios, porque nunca han querido trabajar por la paz. Monseñor Monsalve, arzobispo de Cali, tiene toda la razón; denuncia una serie de retaliaciones contra los colombianos y las instituciones que lucharon por el renacer de una Colombia en paz: La inversión en los 170 municipios Pdet han sido mínimas, está claro que al gobierno de derecha no le interesa fortalecer toda esa nueva institucionalidad que se creó a partir del acuerdo de paz, le interesa más bien su desprestigio y desmembramiento empezando por la deslegitimación de la JEP. Un genocidio se refiere a la intención de destruir total o parcialmente a un grupo humano por razones políticas, y ocasionar la muerte a sus miembros por razón de su pertenencia al mismo, descripción que responde a la persecución de la que fue víctima la UP a manos de paramilitares y miembros de la fuerza pública durante la década de los 80 y los 90. Y es que al gobierno le sigue importando un pito la vida o la integridad de los ex – combatientes, a lo mejor espere que en un dilatado proceso, todo termine en un verdadero genocidio político, como lo fue la eliminación sistemática de más de 2000 miembros de la Unión Patriótica. Eso si fue un verdadero genocidio y pareciera que fuéramos hacia allá. El actual gobierno está lejos de ser un gobierno del post conflicto, no lo es del perdón ni de la reconciliación. Todavía se sienten las retaliaciones contra los territorios en los que triunfó el sí por la paz del plebiscito. Incluso el temor generado por la pandemia que nos consume ha sido una motivación más para interrumpir los términos de la construcción de una paz real, para acallar la protesta social, para dejar pasar de agache los crímenes contra los líderes sociales, de los reclamantes de tierras, de los ex combatientes que si se acogieron de buen modo al proceso de paz.  Monseñor Monsalve ha venido expresando de forma contundente los temores que muchos teníamos:  que el gobierno nacional haría trizas el acuerdo final para una paz estable y duradera. No quiero creer que esa no sea la percepción de todo el episcopado colombiano o que la censura del obispo esté autorizada de buen gusto por el Papa Francisco, víctima de la persecución de gobiernos de dictaduras genocidas argentinas que decidieron acabar con la oposición, que desaparecieron a miles de personas, el buen Francisco que nunca desoyó el clamor de las madres y abuelas de la plaza de mayo.