La Nación
EDITORIAL

¿Y Algeciras qué?

¿Y Algeciras qué? 1 10 agosto, 2020

Con el pasar de los días, el drama social continúa aumentando en el municipio de Algeciras. Preocupantemente, las cifras de desplazados por la violencia no dejan de crecer, algo que no se veía desde las épocas aciagas que vivió el departamento del Huila por cuenta de las tomas guerrilleras, los secuestros y los atentados terroristas.

La cifra es para mirarla con mucha seriedad: durante los últimos dos meses 180 personas –entre mujeres, hombres y niños– han tenido que salir de sus predios, dejarlo todo tirado y abandonar el municipio por temor a ser asesinadas en medio de la confrontación de grupos ilegalmente armados, aún no identificados del todo. Los desplazamientos han sido ‘alimentados’ no sólo por los asesinatos de líderes sociales, excombatientes de las Farc y agricultores sino por una ‘explosión’ de panfletos intimidantes que han sacudido a la región desde comienzos de año.

Más allá de fuerza pública en Algeciras que, por supuesto, es necesaria para garantizar el control territorial, lo que requiere este municipio del oriente del Huila es urgentemente de una gran intervención de carácter social, que incluya la presencia de la institucionalidad en todos los niveles. A Algeciras, por ejemplo, se le han prometido históricamente millonarias inversiones sociales y nunca han llegado.

Como lo dijo recientemente el Defensor Nacional del Pueblo: “A Algeciras debe ir el Estado en todas sus facetas”. Sin embargo, a estas palabras hay que agregarle que esa presencia estatal debe darse inmediatamente.

Es necesario que la dirigencia regional se ‘pellizque’ y convoque al Gobierno Nacional para abordar la problemática algecireña de una manera holística.

A los algecireños no se les puede dejar solos en estos difíciles momentos. El desplazamiento forzado es toda una tragedia social. Los desplazados experimentan un trauma, no tienen activos y quedan en el limbo, terminando en destinos donde no hay oportunidades de trabajo.

 

“A los algecireños no se les puede dejar solos en estos difíciles momentos. El desplazamiento forzado es toda una tragedia social. Los desplazados experimentan un trauma, no tienen activos y quedan en el limbo, terminando en destinos donde no hay oportunidades de trabajo”