La Nación
“Yo quiero saber la verdad sobre mi secuestro” 1 24 octubre, 2020
Entrevista

“Yo quiero saber la verdad sobre mi secuestro”

La excongresista huilense, Consuelo González, quien estuvo más de seis años secuestrada, acepta el perdón público de los antiguos líderes de las Farc, pero lo condiciona a que digan la verdad. “Quiero que digan si hubo terceros civiles interesados en señalar nombres”, advierte.

 

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

 

Uno de los hechos de la semana fue el histórico perdón que los máximos dirigentes de la antigua cúpula de las Farc, encabezada por Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, les pidieron a las víctimas de secuestro y sus familias. “Queremos decirles que el secuestro fue un gravísimo error del que no podemos sino arrepentirnos”, dijeron. Y añadieron: “El secuestro solo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte nuestra legitimidad y credibilidad. Tomada esa decisión, en las circunstancias excepcionales de la guerra irregular y buscando equilibrar fuerzas, tuvimos que arrastrar este lastre que hasta hoy pesa en la conciencia y en el corazón de cada una y cada uno de nosotros”.

Como era de esperarse, la declaración del otrora secretariado de las Farc generó numerosas reacciones, a favor y en contra. Y hoy en LA NACIÓN, está una de ellas, la de la excongresista liberal Consuelo González.

Como Gloria Polanco, Jorge Eduardo Géchem, Orlando Beltrán y muchos más huilenses que estuvieron secuestrados, González es un símbolo de los horrores de la guerra. Fue secuestrada el 10 de septiembre de 2001 y regresó a la libertad el 10 de enero de 2008. En cautiverio, perdió a su esposo Jairo ‘El Negro’ Perdomo, quien falleció como consecuencia de una dolencia cardiaca dos años después de su plagio.

¿Cómo recibió el perdón público por los secuestros por parte de los líderes de la antigua guerrilla de las Farc?

Yo recibí positivamente ese ejercicio que hacen los señores exguerrilleros que se acogieron al acuerdo de paz. Sin embargo, eso no se puede quedar en una manifestación pública. De este hecho, considero muy importante que reconozcan la gravedad de la acción del secuestro y que hayan aceptado que fue la práctica más cruel, inhumana y miserable que ellos pudieron adoptar en su lucha armada. El secuestro es un acto que atenta contra la dignidad humana y yo siempre lo he calificado como la tortura más cruel que se le puede aplicar a un ser humano. Yo resalto el reconocimiento que están haciendo del daño que causaron.

En respuesta a ese perdón, el general retirado Mendieta dijo que no les creía a las Farc, que ellos siempre utilizan la mentira, ¿Qué opina?

Yo apuesto a creerles y apuesto a creer en que lo que están diciendo lo hayan examinado para concluir que necesitaban pedir perdón a las víctimas del secuestro, pero también que necesitaban expresar el repudio y el calificativo que están dando al secuestro como una acción criminal.

¿Qué cree que debe venir ahora?

Todas las víctimas tenemos unos criterios muy distintos. Yo siempre he defendido la posición de las víctimas y las decisiones que tomen. Yo tengo el criterio de que además de ese reconocimiento que están haciendo de la crueldad del secuestro, tienen que apostarle a la verdad frente a las víctimas. Ellos no pueden quedarse mudos frente a la suerte que corrieron cientos y cientos de colombianos que secuestraron con fines económicos, políticos y otros. Hay casos en los que personas, en medio de su dolor, les pagaron a ellos dineros para el rescate de sus familiares, pero nunca los entregaron y hoy en día, mucho tiempo después, no saben dónde están y si murieron, desconocen dónde se encuentran sus restos. Ellos tienen que entregarles esa información a las familias que están pendientes de la suerte de sus seres queridos. Eso para mí es clave. Como víctima, para mí, prima la verdad y el compromiso de que no vuelvan a cometer acciones de guerra como el secuestro.

Sobre su secuestro, ¿Qué quiere saber?

De mi caso, yo sí quiero saber la verdad, quiero saber más detalles de mi secuestro. En las declaraciones que ellos han dado ante la JEP, han dicho que la cúpula de las Farc tomó la decisión de secuestrar dirigentes políticos. Nosotros ya conocemos algunas versiones que ellos han dado en el caso de mi secuestro, pero yo quiero que los cabecillas digan si las decisiones que tomaban eran por criterios solamente de la cúpula de la guerrilla o si hubo terceros civiles interesados en señalar nombres y en pedir que se atentara contra determinada persona. Si los exguerrilleros no cuentan la verdad, tendrán que eternamente vivir enfrentando esa verdad que las víctimas les vamos a estar reclamando.

A estas alturas, ¿Cree que detrás de su plagio hubo alguien que instigó a la guerrilla para que a usted la secuestraran?

Yo aspiro a no creer en eso. Ojalá que lo que se ha manifestado a la JEP de que pudo haber terceras personas civiles, no sea cierto, que esa no sea la verdad. Aspiro a que eso se aclare. Yo soy de las víctimas que creo en la JEP porque en mi caso, se ha avanzado, como se ha avanzado en otros secuestros y demás acciones victimizantes.

Además de la verdad, ¿Qué más esperaría de quienes la tuvieron secuestrada?

Que digan dónde están los secuestrados que no regresaron; que si murieron, les digan a sus familiares dónde están sus restos. En el sur del Huila, tuvimos varios casos de personas que se llevaron y no se volvió a saber de ellas. La familia Cordón Herrera, por ejemplo, perdió varios seres queridos. Esa es una responsabilidad que ellos tienen que asumir y descubrir ante la JEP y la opinión pública. Deben contar qué pasó con los secuestrados que no volvieron.

Muchos años después, ¿Qué recuerda de los días en cautiverio? ¿Qué fue lo más difícil que enfrentó?

En un secuestro todo es tan difícil que uno tiene que armarse de valor y deseo de vivir para enfrentar el cautiverio minuto a minuto. Cada minuto, era una situación dolorosa e inesperada. Era difícil no ver a mis familiares, no poder comunicarme ni hablar con ellos. Era difícil ese aislamiento total al que reducían a un secuestrado. Por eso siempre he dicho que el secuestro es un acto de tortura y un atentado contra la dignidad humana en toda la expresión de la palabra. Secuestrado, uno no tiene oportunidad de una buena alimentación, atención en salud, todo es represión.

¿Siente que ya superó toda esa época de barbarie a la que fue sometida?

Es un esfuerzo grandísimo el que he hecho, es una tarea que uno se tiene que imponer; cuesta mucho trabajo superar tanto recuerdo, tanto dolor, tanta angustia, tanto sufrimiento. Yo lo he logrado con mucho control mental. A paso lento, pero ahí he ido manejando ese pos-secuestro.

¿Ya perdonó a sus victimarios frente a todo el daño que le causaron?

Yo tengo la idea de que el odio esclaviza y que el perdón es liberador. Yo concluí que no podía vivir el resto de mi vida sujeta a un sentimiento tan negativo como es el del odio. Yo me hacía esta reflexión: qué saco con odiar a muerte a alguien que le importa cinco si yo lo odio. Tengo el criterio de que el odio no conduce a nada bueno y de que el perdón sana. Y yo lo he logrado.

¿A qué está dedicada ahora?

Ahora estoy dedicada a las cosas de la familia, pero no desconectada de la gente. Sigo en comunicación con los amigos, pendiente de cómo puedo colaborar en algunas cosas en el municipio de Pitalito.

De la realidad colombiana, ¿Qué es lo que más le preocupa?

Me preocupa la polarización. Me parece terrible que no hayamos podido superar esa parte de tanta confrontación. La gente quiere vivir en un mundo más justo y seguro. No podemos seguir abonando un terreno de miedo, de terror, de desesperanza. Yo creo que es necesario que todos contribuyamos a cambiar la situación que se está viviendo en el país. Todos merecemos un país libre de armas, libre de violencia, odio, de sospechas. Eso frena, indiscutiblemente, el desarrollo y el bienestar de todos los colombianos.

¿Le sorprende que varios años después de haberse firmado, el acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc, siga dividiendo a los colombianos?

Sí. Me sorprende porque fue mucho el esfuerzo que se hizo. Todos en el fondo queríamos y queremos la paz. La polarización que vive el país ha puesto en dificultades el proceso y yo pienso, que no podemos echar por la borda algo que nos ha unido en algo como es buscar la manera de que podamos vivir en bienestar. Una economía de paz sería más dinámica y más equitativa para el país.

¿Qué opinión le merece la escalada de masacres que ha sacudido al país?

He estado aterrada. Lo que estamos viviendo debe preocuparnos. Los conflictos tienen que encontrar la manera de resolverse por medios pacíficos. Nosotros hemos vivido en guerra años y años y nunca a través de esta actitud guerrera, pudimos encontrar la salida. Todos estamos en el mismo bote y podemos hundirnos todos.

Bajo todo este panorama, ¿Hacia dónde va el país?

Yo lo miro con muchísima preocupación porque cuando hay confrontación política e ideológica, casi que llegando al fanatismo, del uno y del otro lado, nada bueno podemos lograr.

 

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