La Nación
“Asfixiando nuestra economía, no vamos a resolver los problemas del mundo” 1 23 julio, 2024
ENTREVISTA

“Asfixiando nuestra economía, no vamos a resolver los problemas del mundo”

El presidente de la Federación Nacional de Productores de Carbón, Fenalcarbón, Carlos Andrés Cante Puentes, habla sobre la incertidumbre que embarga a la industria de los carbones por los anuncios presidenciales y advierte que es un error dejar de producir y exportar carbón mientras el mundo lo siga demandando. “Nuestra economía no puede depender de la ideología de un proyecto político de cuatro años”, dice.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

El anuncio del presidente Gustavo Petro de no exportar carbón a Israel tiene bajo la incertidumbre a la industria de los carbones. El exviceministro huilense Carlos Andrés Cante Puentes, hoy al frente de la Federación Nacional de Productores de Carbón, Fenalcarbón, hizo un análisis sobre el tema.

¿Por qué momento pasa hoy la industria de los carbones en el país?

La industria de los carbones colombianos ha venido enfrentando diferentes situaciones que han permitido mantener una producción que, en el caso de los carbones términos, ha alcanzado volúmenes que oscilan alrededor de las 55 millones de toneladas al año. En materia de carbón metalúrgico, exportamos 2 millones toneladas. Y el coque como principal producto industrial de exportación elaborado a partir de carbones metalúrgicos, alcanzó una cifra de 4 millones de toneladas en el 2023. En lo corrido de este 2024, vemos unos mercados que mantienen una demanda estable; esperamos que hacia el final del año los volúmenes sean similares a los que observamos el año pasado.

Bajo ese panorama, ¿tienen preocupaciones?

Este es un sector que comercializa commodities y las incertidumbres de los mercados internacionales generan comportamientos en los mercados que, a veces, son bastante favorables, como lo que sucedió entre 2021 y 2022 en donde se incrementaron los precios y eso favoreció los carbones colombianos. Pero, luego se generaron una serie de situaciones que tienen que ver con la invasión de Rusia a Ucrania que modeló un nuevo comportamiento de los mercados, incrementando el consumo de los carbones, pero a menores precios. En el 2023, el mundo demandó más de 8.500 millones de toneladas de carbones, de esos 1.070 millones de toneladas se movieron por el comercio internacional y Colombia aportó cerca de 60 millones de toneladas. Este es un sector que está muy acostumbrado a los ires y venires de los mercados; la geopolítica mueve los precios, mueve la demanda y la oferta. Es un sector que se sabe mover en esas vicisitudes de los mercados. Pero, internamente, sí estamos teniendo muchísimas preocupaciones debido a que el discurso político empieza a generar políticas para disminuir la producción y consumo de carbón en el país. La incertidumbre en materia jurídica hace que las alternativas de inversión y crecimiento del sector estén rezagadas.

 Antes de ahondar en el tema de la incertidumbre por las decisiones presidenciales, ¿cómo se mueve la industria del carbón en Colombia?

Jesús Antonio, Colombia tiene fundamentalmente 9 departamentos, 65 municipios, con importancia productora de carbón, pero tienen diferentes características. Una cosa es el carbón del Cesar y La Guajira, en donde se producen los carbones térmicos de exportación y se generan recursos de renta y regalías, y otra cosa son los carbones de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Norte de Santander, Santander y Antioquia; son carbones que han abastecido los mercados nacionales tanto de generación de energía como procesos industriales. No solamente tenemos carbón térmico para generación de energía y procesos de calor sino también carbón metalúrgico, que nos ha permitido desarrollar una industria de la coquización. A partir de los carbones metalúrgicos en el interior del país, Colombia es hoy es el tercer exportador mundial de coque, que es el insumo industrial básico, junto con el mineral de hierro, para la producción de acero; y aportamos en el mercado global, después de China y Polonia, con más de 4 millones de toneladas. Esta industria del carbón tiene además encadenamientos productivos relevantes.

 La decisión del presidente Gustavo Petro de no exportar carbón a Israel hasta tanto este país, según el mandatario, no cese el genocidio contra el pueblo palestino, ¿qué impacto ha tenido para la industria?

El impacto está todavía por verse. Nosotros enviamos esta semana al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo los comentarios al proyecto de decreto. Nosotros hemos construido una relación con Israel desde hace más de 30 años; hoy somos para Israel el primer proveedor de carbón térmico para generación de energía. Israel consume aproximadamente 7 millones de toneladas de carbón y Colombia ha aportado en los últimos años entre 3 y 4 millones de toneladas; la demanda varía dependiendo del comportamiento de su matriz energética. Esos 3 o 4 millones que exportamos significan poner en riesgo más de 400 millones de dólares en divisas, significan poner en riesgo cerca de $650.000 millones en impuestos de rentas y regalías y contraprestaciones económicas. Consideramos esta medida inconveniente y una gran pérdida para Colombia con un cliente que hemos venido cultivando desde hace más de 30 años. Si empezamos a tener problemas para el suministro de ese volumen de carbón, el segundo y el tercer proveedor de carbón a Israel, son los más grandes productores de carbón del mundo que son Indonesia y Australia. Y ellos fácilmente van a suministrar esos volúmenes en el momento en que nosotros lo dejemos de hacer. Aquí el único que va a perder es Colombia. Israel no pierde. Israel, simple y llanamente, cambia de proveedor.

Hay quienes han salido a celebrar ese anuncio de no exportar carbón a Israel, ¿qué le dice a ellos?

Con esa medida y con otras que hemos empezado a ver, el mensaje es que asfixiando nuestra economía, nosotros no vamos a resolver ni los problemas globales de cambio climático ni los problemas geopolíticos en el mundo. El único que pierde es Colombia y no resolvemos absolutamente nada porque somos marginales en las contribuciones que podamos hacer de cualquier manera a los diferentes conflictos que se presentan a nivel global.

¿Qué están pensando las empresas carboneras?

Nosotros estamos diciendo que Colombia no se puede equivocar. Nuestra economía y el desarrollo del país no pueden depender de la posición o la ideología de un proyecto político de cuatro años. Colombia tiene que avanzar por una senda de posición energética desde el entendimiento de los líderes políticos de lo que debe ser justo y eficiente para el país. Y justo es aprovechar los recursos naturales que tenemos de manera sostenible para garantizar los ingresos que requiere el país para mejorar en términos de crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Colombia no puede cometer el error de renunciar a la producción y a la exportación de carbón mientras el mundo lo siga demandando. En todos los análisis que se están haciendo, estamos observando que el mundo va a seguir demandando carbón térmico para generación de energía. Europa ya no es la base de la industrialización, es Asia, es China, es India, Indonesia, en donde están los grandes centros de consumo de carbón, por lo que Colombia tiene una gran oportunidad porque de las 8.500 millones de toneladas que se consumieron el año pasado, por lo menos, el 50% son carbones de bajo rango, de menor poder calorífico y mayor poder contaminante. Por su parte, Colombia tiene unas reservas enormes de carbones bituminosos, que son los mejores que existen en el mundo. Insisto: Colombia no puede renunciar a la posibilidad de explotar nuestro carbón y de ofrecerlo cuando el mundo lo va a seguir demandando.

¿Cree que el tema de la transición energética terminó ideologizado políticamente?

Jesús Antonio, sin lugar a dudas. La conceptualización de la transición energética es en sí misma una ideología política, sin desconocer que estamos en un proceso de cambio climático, de destrucción global de la tierra. La transición energética como se ha vendido en países en vías de desarrollo como Colombia es parte de una ideología política. Y esta ideología se tiene que combatir con ideología, con realidad, con situaciones mucho más pragmáticas. Necesitamos generar discusiones informadas a partir de lo que está sucediendo en el mundo: el mundo sigue consumiendo carbón y Colombia no puede ser el único que de una manera torpe, abandone esas posibilidades de ofrecerlo. Colombia puede apagar el switch de toda su economía y no se mueve un milímetro la aguja de las emisiones a nivel global. La clase política, pero también la ciudadanía, debe estar informada para no cometer errores que ya han cometido en el pasado otros países y se han tenido que devolver.

¿Cómo piensan enfrentar todo ese discurso político que se ha creado alrededor de la transición energética?

La gente tiene que saber cuánto significa la producción de carbón para el mundo, cuánto significamos nosotros en materia de emisiones, cuánto significan los recursos que genera la actividad extractiva al país, de dónde se están financiando hoy los proyectos de inversión. Los gobernadores, por ejemplo, están reclamando que la transición energética se haga desde las regiones, desde la visión de los proyectos productivos, y no desde lo que nos quiera imponer el proyecto político de turno. Necesitamos una transición energética que le permita transitar al país con metas, plazos, con estrategias y con recursos. Hemos hablado muchísimo de transición energética, pero la gente no sabe qué es transición energética. En el presupuesto general de la Nación, no hay una partida destinada a transición energética porque no existe claridad, es solo discurso.

Como dirigente gremial y exviceministro de Minas, ¿qué opinión tiene hoy sobre el rumbo de la economía colombiana?

Con todos los sectores, observamos que la incertidumbre política está generando desconfianza inversionista. Los colombianos que tienen empresas y negocios están muy dudosos en invertir y no están invirtiendo. Por eso, es la caída de las importaciones porque no estamos importando nuevos equipos y maquinaria porque los empresarios no ven el momento para generar nuevas inversiones. Y esto no tiene nada que ver con la tasa de interés fijada por el Banco de la República. Simplemente es que la gente no está confiando en la economía. Y como no está confiando en la economía, la tasa de inversión en capital fijo ha caído y eso significa que estamos en un periodo de estancamiento. Hoy, estamos en estancamiento y, seguramente, el próximo año vamos a estar en una recesión muy larga porque no hay confianza, no hay inversión y los empresarios están sacando los recursos del país.