La Nación
Diego Uribe Vargas 1 28 septiembre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Diego Uribe Vargas

Fue Diego Uribe Vargas gran exponente de esa extraordinaria estirpe liberal que llevaba las masas al delirio. !!Viva el partido Liberal¡¡ iniciaba declamando a voz en cuello en las manifestaciones que surtieron las urnas para la elección de Julio César Turbay Ayala a la presidencia, pese a la malquerencia de Carlos Lleras Restrepo, cuya candidatura reeleccionista no cuajó, y al enorme celo con que le seguía viendo Alfonso López Michelsen, cesionario de la candidatura en el cuatrenio anterior. A Diego se lo disputaban estos tres magníficos jefes, todos presidentes; sin embargo, escogió su lugar de segundo en las trincheras turbayistas, de donde saltó a la cancillería de la república en 1978. Aunque fue Cundinamarca su lugar directo de acción, la gobernó años antes, tuvo reconocimiento nacional y la presidencia hubiese sido su destino si la operación avispa de López no acaba con la organización directorista de la colectividad.

Por la inverosímil derrota que infligió Belisario a las toldas rojas en 1982 y ante la rebelión de los jefes regionales, debió buscar la dirección nacional una figura que convocara el oficialismo liberal encontrándola en Virgilio Barco; seguramente la historia deberá señalar ese período del partido liberal como la época en que las disidencias pasaron a ser matices y  se aprendió a hacer dogma con los eufemismos. En Cundinamarca y Bogotá, al doctor Diego le cayó el ingrato oficio de conducir las huestes turbayistas absolutamente diezmadas por SAGASA, alianza de Julio César Sánchez, Luis Carlos Galán y Ernesto Samper. De ese golpe jamás se levantó el otrora oficialismo y así, de paso, se privó a Colombia de la posibilidad de tener a Diego Uribe en el solio de Bolívar.

Recordar a Diego Uribe Vargas es llegar a la anécdota del servicio devoto y patriótico en el Partido Liberal. De su elocuencia dan cuenta el parlamento y la plaza pública; de su erudición su cátedra y libros; de su capacidad las ejecutorias como Gobernador y Canciller; de su cercanía con el pueblo la calidez de su trato y saludo con nombre propio al ciudadano común.

Tras el fracaso del movimiento ‘Ideas Liberales en Acción’, encontró Diego refugio en su hogar; se sustrajo de la actividad política sumergiéndose paulatinamente en el ostracismo. De los muchos que fue mentor, muy pocos volvieron a su amena charla.

Merece ser recordado y honrado por los liberales y la historia cundinamarquesa.