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El chip del cambio

El chip del cambio 1 12 agosto, 2020

 

 

Sergio Felipe Salamanca

A inicios de esta semana, la Corte Constitucional anunció la entrada en operación del sistema Pretoria, con el cual, se pretende mejorar y “optimizar el proceso de selección, análisis y estructuración de las sentencias de tutela para revisión de la Corte Constitucional”, tal como se señaló en el boletín No. 128 de esta corporación. Anuncio frente al cual debo confesar que tengo sentimientos encontrados, por las razones que procederé a exponer.

Por una parte, y como ciudadano, celebro el hecho de que en el país se estén implementando soluciones tecnológicas que no sólo han sido el producto de fructíferas alianzas entre el sector público, privado y académico, sino que además, sean soluciones construidas “a la medida” de nuestra realidad jurídica, que no resultan ser copias simples y burdas de modelos y soluciones foráneas. De igual forma, celebro que este tipo de herramientas permitirán imprimirle mayor celeridad, eficiencia y objetividad a los procesos de tutela, en sede de revisión, sentando un valioso precedente, para la implementación de este tipo de herramientas en otros tipos de procesos.

Por otra parte, y como abogado, el uso y la popularidad que ha venido ganando la tecnología y en especial, la Inteligencia Artificial, en temas como el análisis y la resolución de casos complejos, hace que me resulte inevitable considerar que nos encontramos ad portas de una de las más grandes revoluciones que el Derecho haya tenido, desde la época en la cual, los pretores “administraban justicia”. Una revolución, que al igual que la Industrial, podría suponer un cambio radical en el ejercicio de la abogacía, no solo en Colombia, sino en el mundo.

Uno de los principales cambios que puedo vislumbrar desde ya, es el progresivo reemplazo que tendrán los jueces de carne y hueso, por “jueces máquina”, capaces de resolver casos en cuestión de horas e incluso de minutos, haciendo que los tiempos de un proceso se reduzcan significativamente, sin embargo, es en este punto donde debemos preguntarnos, si una máquina, sus circuitos y profundos algoritmos serán capaces algún día de “sentir”, “entender” y percibir los antecedentes de orden emocional, social, cultural, entre otros, que siempre estarán presentes en todo caso, pues no debemos olvidar que una de las principales funciones del Derecho es la de precisamente, regular la conducta humana, que a pesar de lo avanzado que pueda ser una sociedad, siempre será imperfecta.